La araucana segunda parte: 211

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CANTO XXVIII
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La araucana segunda parte



»Salí de aquel lugar, que a Dios pluguiera
que en él quedara viva sepultada,
corriendo con presteza a la ribera
adonde le dejé desatinada;
mas cuando no vi rastro ni manera
de le poder hallar, sola y cuitada,
podrás ver qué sentí, pues era cierto
que no pudo escapar de preso o muerto.

Solté ya sin temor la voz en vano,
llamando al sordo cielo, injusto y crudo;
preguntaba: -¿Dó está mi Cariolano?
Y todo al responder lo hallaba mudo.
Ya entraba en la espesura, ya en lo llano
salía corriendo, que el dolor agudo,
en mis entrañas siempre más furioso,
no me daba momento de reposo.

No te quiero cansar ni lastimarme
en decirte las bascas que sentía;
no sabiendo qué hacer ni aconsejarme
frenética y furiosa discurría.
Muchas veces propuse de matarme
mas por torpeza y gran maldad tenía
que aquel dolor en mí tan poco obrase
que a quitarme la vida no bastase.

En tanta pena y confusión envuelta,
de contrarios y dudas combatida,
al cabo ya de le buscar resuelta
pues no daba el dolor fin a mi vida,
hacia el campo español he dado vuelta
de noche, y desde lejos escondida,
por el honor, que mal me le asegura
mi poca edad y mucha desventura.

Y teniendo noticia que esta gente
era la vuelta de Cautén pasada,
también que había de ser forzosamente
por este paso estrecho la tornada,
quise venir en traje diferente,
pensando que entre tantos, disfrazada,
alguna nueva o rastro hallaría
deste que la fortuna me desvía.



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