La araucana segunda parte: 215

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CANTO XXVIII
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La araucana segunda parte



Así a trechos en partes del camino
revueltos unos y otros voceando,
andaban en confuso remolino,
la tempestad de tiros reparando.
No basta de la pasta el temple fino,
grebas, petos, celadas abollando
la furia que zumbaba a la redonda
de galga, lanza, dardo, flecha y honda.

Unos al suelo van descalabrados
sin poder en las sillas sostenerse;
otros, cual rana o sapo, aporreados
no pueden aunque quieren removerse;
otros a gatas, otros derrengados,
arrastrando procuran acogerse
a algún reparo o hueco de la senda
que de aquel torbellino los defienda;

que en este paso estrecho el enemigo,
la gente y munición por orden puesta,
tenía a nuestros soldados, como digo,
de ventaja las piedras y la cuesta
donde puedo afirmar como testigo
que era la lluvia tan espesa y presta
de las piedras, que, cierto, parecía
que el cerro abajo en piezas se venía.

Como cuando se vee el airado cielo
de espesas nubes lóbregas cerrado
querer hundir y arruinar el suelo,
de rayos, piedra y tempestad cargado;
las aves mata en medio de su vuelo,
la gente, bestias fieras y ganado
buscan, corriendo acá y allá perdidas,
los reparos, defensas y guaridas,

así los españoles constreñidos
de aquel granizo y tempestad furiosa
buscan por todas partes mal heridos
algún árbol o peña cavernosa,
do reparados algo y defendidos
con la virtud antigua generosa,
cobrando nuevo esfuerzo y esperanza,
a la vitoria aspiran y venganza.



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