La araucana segunda parte: 225

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CANTO XXIX
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La araucana segunda parte



Fue de tal golpe Tucapel cargado
sobre el escudo en medio de la frente,
que quedó por un rato embelesado,
suspensos los sentidos y la mente.
Llegó Rengo con otro apresurado
pero salió el efeto diferente,
que el estruendo del golpe y dolor fiero
le despertó del sueño del primero.

Serpiente no se vio tan venenoso
defendiendo a los hijos en su nido,
como el airado bárbaro furioso,
más del honor que del dolor sentido;
así fuera de término rabioso,
de soberbia diabólica movido,
sobre el gallardo Rengo fue en un punto,
descargando la rabia y maza junto.

Salióle al fiero Rengo favorable
aquel furor y acelerado brío;
que la ferrada maza irreparable
el grueso estremo descargó en vacío;
fue el golpe, aunque furioso, tolerable,
quitándole la fuerza el desvarío,
que a cogerle de lleno, yo creyera
que con él el combate feneciera.

Mas aunque fue al soslayo, el araucano
se fue un poco al través desvaneciendo;
al fin puso en el suelo la una mano,
sostener la gran carga no pudiendo;
pero viendo el peligro no liviano,
sobre el fuerte contrario revolviendo,
con su desenvoltura y maza presta
le vuelve aun más pesada la respuesta.

Era cosa admirable la fiereza
de los dos en valor al mundo raros,
la providencia, el arte, la destreza,
las entradas, heridas y reparos;
tanto que temo ya de mi torpeza
no poder por sus términos contaros
la más reñida y singular batalla,
que en relación de bárbaros se halla.



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