La araucana segunda parte: 226

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXIX
Pág. 226 de 229
La araucana segunda parte



Así el fiero combate igual andaba
y el golpear de un lado y de otro espeso,
que el más templado golpe no dejaba
de magullar la carne o romper hueso;
el aire cerca y lejos retumbaba
lleno de estruendo y de un aliento grueso,
que era tanto el rumor y batería
que un ejército grande parecía.

Dio el fuerte Rengo un golpe a Tucapelo,
batiéndole de suerte la celada,
que vio lleno de estrellas todo el suelo
y la cabeza le quedó atronada;
pero en sí vuelto, blasfemando al cielo,
con aquella pujanza aventajada
hirió tan presto a Rengo al desviarse
que no tuvo lugar de repararse.

Cayó el pesado golpe en descubierto,
cargando a Rengo tanto la cabeza
que todos le tuvieron ya por muerto
y estuvo adormecido una gran pieza;
mas del peligro y del dolor despierto
la abollada celada se endereza
y sobre Tucapel furioso aguija,
que la maza rompió por la manija.

Mas viéndole sin maza en esta guerra
(que en dos trozos saltó lejos quebrada),
la suya con desprecio arroja en tierra,
poniendo mano a la fornida espada;
en esto Tucapel otra vez cierra,
la suya fuera en alto levantada
mas Rengo, hurtando el cuerpo a la una mano,
hizo que descargase el golpe en vano.

Llegó el cuchillo al suelo y gran pedazo
aunque era duro, en él quedó enterrado,
y en este impedimento y embarazo
fue Tucapel herido por un lado
de suerte que el siniestro guardabrazo
con la carne al través cayó cortado,
y procurando segundar no pudo,
que vio calar el gran cuchillo agudo.



<<<
>>>