La araucana segunda parte: 227

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CANTO XXIX
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La araucana segunda parte



Debajo del escudo recogido
Rengo el desaforado golpe espera,
el cual fue en dos pedazos dividido
con la cresta de acero y la mollera.
El bárbaro quedó desvanecido
y por poco en el suelo se tendiera,
mas el esfuerzo raro y ardimiento
venció al grave dolor y desatiento.

No por esto medroso se retira
antes hacer cruda venganza piensa
y así lleno de rabia, ardiendo en ira
acrecentada por la nueva ofensa,
furioso de revés un golpe tira
con la estrema pujanza y fuerza inmensa,
que a no topar tan fuerte la armadura,
le dividiera en dos por la cintura.

Metióse tan adentro que no pudo
salir del enemigo ya vecino
por lo cual, arrojando el roto escudo,
valerse de los brazos le convino.
Tucapel, que robusto era y membrudo,
al mismo tiempo le salió al camino,
echándole los suyos de manera
que un grueso y duro roble deshiciera.

Pero topó con Rengo, que ninguno
le llevaba ventaja en la braveza:
de diez, de seis, de dos él era el uno
de más agilidad y fortaleza.
Llegados a las presas, cada uno
con viva fuerza y con igual destreza,
tientan y buscan de una y de otra parte
el modo de vencer la industria y arte.

Así que pecho a pecho forcejando
andaban con furioso movimiento,
tanto los duros brazos añudando
que apenas recebir pueden aliento,
y al arte nuevas fuerzas ayuntando,
aspira cada cual al vencimiento,
procurando por fuerza, como digo,
de poner en el suelo al enemigo.



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