La araucana tercera parte: 004

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CANTO XXX
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La araucana tercera parte



Pero con rabia nueva y mayor fuego
comienzan por el campo a revolcarse
y con puños de tierra a un tiempo luego
procuran y trabajan por cegarse,
tanto que al fin el uno y otro ciego,
no pudiendo del hierro aprovecharse,
con las agudas uñas y los dientes
se muerden y apedazan impacientes.

Así, fieros, sangrientos y furiosos,
cuál ya debajo, cuál ya encima andaban,
y los roncos acezos presurosos
del apretado pecho resonaban;
mas no por esto un punto vagorosos
en la rabia y el ímpetu aflojaban,
mostrando en el tesón y larga prueba
criar aliento nuevo y fuerza nueva.

Eran pasadas ya tres horas, cuando
los dos campiones, de valor iguales,
en la creciente furia declinando
dieron muestra y señal de ser mortales,
que las últimas fuerzas apurando
sin poderse vencer, quedaron tales
que ya en parte ninguna se movían
y más muertos que vivos parecían.

Estaban par a par desacordados,
faltos de sangre, de vigor y aliento,
los pechos garleando levantados,
llenos de polvo y de sudor sangriento;
los brazos y los pies enclavijados,
sin muestra ni señal de sentimiento,
aunque de Tucapel pudo notarse
haber más porfiado a levantarse.

La pierna diestra y diestro brazo echado
sobre el contrario a la sazón tenía,
lo cual de sus amigos fue juzgado
ser notoria ventaja y mejoría
y aunque esto es hoy de muchos disputado,
ninguno de los dos se rebullía,
mostrando ambos de vivos solamente
el ronco aliento y corazón latiente.



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