La araucana tercera parte: 006

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CANTO XXX
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La araucana tercera parte



Dejarélos aquí desta manera
en su conformidad y ayuntamiento,
que me importa volver a la ribera
del río que muda nombre en cada asiento,
pues ha mucho que falto y ando fuera
de nuestro molestado alojamiento,
para decir el punto en que se halla
después del trance y última batalla.

Luego que la vitoria conseguimos
con más pérdida y daño que ganancia,
al fuerte a más andar nos recogimos,
que estaba del lugar larga distancia
y aunque poco después, Señor, tuvimos
otros muchos rencuentros de importancia
no sin costa de sangre y gran trabajo
iré, por no cansaros, al atajo.

Y pasando en silencio otra batalla
sangrienta de ambas partes y reñida,
que aunque por no ser largo aquí se calla,
será de otro escritor encarecida.
Vista de munición y vitualla
la plaza por dos meses bastecida,
pareció por entonces provechoso
dejar por capitán allí a Reinoso

que las demás ciudades, trabajadas
de las pasadas guerras, nos llamaban,
y las leyes sin fuerza arrinconadas,
aunque mudas, de lejos voceaban;
las cosas de su asiento desquiciadas,
todos sin gobernarse gobernaban,
estando de perderse el reino a canto
por falta de gobierno, habiendo tanto.

Mas viendo la comarca tan poblada,
fértil de todas cosas y abundante,
para fundar un pueblo aparejada
y el sitio a la sazón muy importante,
quedó primero la ciudad trazada,
de la cual hablaremos adelante,
que aunque de buen principio y fundamento
mudó después el nombre y el asiento.



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