La araucana tercera parte: 008

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CANTO XXX
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La araucana tercera parte



el araucano ejército, entendiendo
que su próspera suerte declinaba
y que Caupolicán iba perdiendo
la gran figura en que primero estaba,
en secretos concilios discurriendo,
del capitán ya odioso murmuraba
diciendo que la guerra iba a lo largo
por conservar la dignidad del cargo;

no con tan suelta voz y atrevimiento
que el más libre y osado no temiese,
y del menor edicto y mandamiento
cuanto una sola mínima excediese:
que era tanto el castigo y escarmiento
que no se vio jamás quien se atreviese
a reprobar el orden por él dado
según era temido y respetado.

Pero temiendo al fin como prudente
el revolver del hado incontrastable
y la poca obediencia de su gente,
viéndole ya en estado miserable,
que la buena fortuna fácilmente
lleva siempre tras sí la fe mudable
y un mal suceso y otro cada día
la más ardiente devoción resfría,

quiso, dando otro tiento a la fortuna,
que del todo con él se declarase,
y no dejar remedio y cosa alguna
que para su descargo no intentase.
Entre muchas, al fin, resuelto en una,
antes que su intención comunicase,
con la presteza y orden que convino
de municiones y armas se previno.

No dando, pues, lugar con la tardanza
a que el miedo el peligro examinase
y algún suceso y súbita mudanza
los ánimos del todo resfriase,
con animosa muestra y confianza
mandó que de la gente se aprestase
al tiempo y hora del silencio mudo,
el más copioso número que pudo.



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