La araucana tercera parte: 012

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CANTO XXX
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La araucana tercera parte



y sin recato la ferrada puerta,
no siendo a nadie entonces reservada,
franca de par en par, siempre está abierta
y la gente durmiendo descuidada;
la cual de salto fácilmente muerta
y la plaza después desmantelada,
en la región antártica no queda
quien resistir nuestra pujanza pueda.

Así que de tu ayuda confiado
que todo se lo allana y asegura,
cerca de aquí tres leguas ha llegado
cubierto de la noche y sombra escura;
adonde de su ejército apartado
debajo de palabra y fe segura,
quiere comunicar solo contigo
lo que sumariamente aquí te digo.

Ensancha, ensancha el pecho, que si quieres
gozar desta ventura prometida,
demás del grande honor que consiguieres
siendo por ti la patria redimida,
sólo a ti deberás lo que tuvieres
y a ti te deberán todos la vida,
siendo siempre de nos reconocido
haberla de tu mano recebido.

Mira, pues, lo que desto te parece,
conoce el tiempo y la ocasión dichosa,
no seas ingrato al cielo que te ofrece
por sólo que la acetes tan gran cosa;
da la mano a tu patria, que perece
en dura servidumbre vergonzosa,
y pide aquello que pedir se puede,
que todo desde aquí se te concede».

Dio fin con esto a su razón, atento
al semblante del indio sosegado,
que sin alteración y movimiento
hasta acabar la plática había estado:
el cual con rostro y parecer contento
aunque con pecho y ánimo doblado,
a las ofertas y razón propuesta
dio sin más detenerse esta respuesta:



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