La araucana tercera parte: 026

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXX
Pág. 026 de 138
La araucana tercera parte

que sufrir no se puede la insolencia
desta ambiciosa gente desfrenada
ni el disoluto imperio y la violencia
con que la libertad tiene usurpada.
Por lo cual la Divina Providencia
tiene ya la sentencia declarada,
y el ejemplar castigo merecido
al araucano brazo cometido.

Vuelve a Caupolicán, y de mi parte
mi pronta voluntad le ofrece cierta,
que cuanto en esto quieras alargarte,
te sacaré yo a salvo de la oferta;
y mañana, sin duda, por la parte
de la inculta marina más desierta
seré con él, do trataremos largo
desto que desde aquí tomo a mi cargo.

Por la sospecha que nacer podría
será bien que los dos nos apartemos
y deshecha por hoy la compañía,
adonde nos aguardan arribemos;
que mañana de espacio a mediodía
con mayor libertad nos hablaremos,
y de mí quedarás más satisfecho.
¡Adiós, que es tarde; adiós, que es largo el trecho!»

Así luego partieron, el camino
llevándole diverso y diferente,
que el uno al araucano campo vino
y el otro adonde estaba nuestra gente;
el cual con gozo y ánimo malino
hablando al capitán secretamente,
le dijo punto a punto todo cuanto
oirá quien escuchare el otro canto.

Cualquiera desafío es reprobado
por ley divina y natural derecho,
cuando no va el designio enderezado
al bien común y universal provecho,
y no por causa propia y fin privado
mas por autoridad pública hecho,
que es la que en los combates y estacadas
justifica las armas condenadas.