La araucana tercera parte: 033

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CANTO XXX
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La araucana tercera parte

No habíamos aún los cuerpos satisfecho
del sueño y hambre mísera transida,
cuando tuvimos nueva que de hecho
toda la tierra en torno removida,
rota la tregua y el contrato hecho,
viendo así nuestra fuerza dividida
ayuntaban la suya con motivo
de no dejar presidio ni hombre vivo.

Luego, pues, hasta treinta apercebidos
de los que más en orden nos hallamos,
por la espesura de Tirú metidos,
la barrancosa tierra atravesamos
y los tomados pasos desmentidos,
no con pocos rebatos arribamos
sin parar ni dormir noche ni día,
al presidio español y compañía,

donde ya nuestra gente había tenido
nueva del trato y tierra rebelada,
que por estraño caso acontecido,
de la junta y designio fue avisada
y habiendo alegremente agradecido
el socorro y ayuda no pensada,
nos dio del caso relación entera,
el cual pasa, Señor, desta manera:

el araucano ejército, entendiendo
que su próspera suerte declinaba
y que Caupolicán iba perdiendo
la gran figura en que primero estaba,
en secretos concilios discurriendo,
del capitán ya odioso murmuraba
diciendo que la guerra iba a lo largo
por conservar la dignidad del cargo;

no con tan suelta voz y atrevimiento
que el más libre y osado no temiese,
y del menor edicto y mandamiento
cuanto una sola mínima excediese:
que era tanto el castigo y escarmiento
que no se vio jamás quien se atreviese
a reprobar el orden por él dado
según era temido y respetado.