La araucana tercera parte: 043

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CANTO XXXI
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La araucana tercera parte



Que demás de las honras, te aseguro
de parte del Senado un señorío,
y por el fuerte Eponamón te juro
que éste será escogido a tu albedrío.
En tus manos me pongo y aventuro
y a tu buen parecer remito el mío,
para que des el orden que convenga
y el esperado bien no se detenga.

Pues con tu ayuda y mi esperanza cierta,
que me prometen próspera jornada,
en una parte oculta y encubierta
tengo cerca de aquí mi gente armada,
y antes que sea de alguno descubierta
y la plaza enemiga preparada,
que es el peligro solo que esto tiene,
apresurar la esecución conviene.

Resuélvete, ¡oh varón!, y determina,
como de ti se espera, brevemente,
que detrás deste monte a la marina
está el copioso ejército obediente,
y porque puedas ver la diciplina,
los ánimos, las armas y la gente,
podrás llegar allá, que aquí te aguardo,
con esperanza y ánimo gallardo».

El traidor pertinaz, que atento estaba
a cuanto el General le prometía,
no la oferta ni el premio le mudaba
de la fea maldad que cometía;
bien que algún tanto tímido dudaba
viendo de aquel varón la valentía,
el ser gallardo y el feroz semblante,
la proporción y miembros de gigante.

Venía el robusto y grande cuerpo armado
de una fuerte coraza barreada,
con un drago escamoso relevado
sobre el alto crestón de la celada;
en la derecha su bastón ferrado,
ceñida al lado una tajante espada,
representando en talle y apostura
del furibundo Marte la figura.



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