La araucana tercera parte: 044

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CANTO XXXI
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La araucana tercera parte



Visto por Andresillo cuán barato
podía salir con el malvado hecho,
teniendo en su traición y doble trato
andado en poco tiempo tanto trecho,
con alegre semblante y rostro grato,
aunque con doble y engañoso pecho,
hincando ambas rodillas en el llano
tal respuesta volvió a Caupolicano:

«¡Oh gran Apó!: no pienses que movido
por honra, por riqueza o por estado,
a tus pies y obediencia soy venido
a servirte y morir determinado;
que todo lo que aquí me has ofrecido
y lo que puede más ser deseado
no me provoca tanto ni me instiga
cuanto la gran razón que a ello me obliga.

Gracias al cielo doy, pues mi esperanza,
en tu prudencia y gran valor fundada,
la siento ya con próspera bonanza
ir al derecho puerto encaminada;
y porque no nos dañe la tardanza
será bien que apresures la jornada,
siguiendo la fortuna, que se muestra
declarada en favor de parte nuestra;

que nuestros enemigos sin recelo
a las armas de noche acostumbrados,
cuando va el sol en la mitad del cielo
descansan en sus toldos desarmados,
y desnudos y echados por el suelo,
en vino y dulce sueño sepultados,
pasan la ardiente siesta en gran reposo
hasta que el sol declina caluroso.

Y si estás, como dices, prevenido
y la gente vecina, en ordenanza,
que goces luego la ocasión te pido,
no dejando pasar esta bonanza;
que el tiempo es malo de cobrar, perdido,
mayormente si daña la tardanza;
y pues no te detiene cosa alguna
no detengas tus hados y fortuna.



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