La araucana tercera parte: 045

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CANTO XXXI
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La araucana tercera parte

Que a darte la vitoria yo me obligo,
no por el galardón que dello espero,
que la virtud la paga trae consigo
y ella misma es el premio verdadero;
basta lo que en servirte yo consigo,
y así graciosamente me prefiero
de ponerte sin pérdida en la mano
la desnuda garganta del tirano.

Mañana disfrazado, al tiempo cuando
vaya el sol en mitad de su jornada,
vendrá a mi estancia Pran, donde aguardando
estaré su venida deseada;
y en el presidio y franca plaza entrando,
verá la gente entonces entregada
al ordinario y descuidado sueño,
sin prevención, y al parecer sin dueño.

«Esta noche, callada y quietamente,
desviada a la diestra del camino
venga a ponerse en escuadrón la gente
una milla del fuerte y más vecino;
y cuando asome el sol por el oriente,
echada en recogido remolino,
bajas las armas por la luz del día,
aguarde allí el aviso y orden mía.

Quiero ver, pues que dello eres servido,
por ir del todo alegre y satisfecho,
tu dichoso escuadrón constituido
para tan alto y señalado hecho;
por quien Arauco ya restituido
en sus primeras fuerzas y derecho,
echada la española tiranía,
estenderá su nombre y monarquía».

Quedó Caupolicano de manera
que tuvo el trato y hecho por seguro,
diciéndole razones que moviera
no un corazón movible, pero un muro;
y en señal de firmeza verdadera
le dio un lucido llauto de oro puro
y un grueso mazo de chaquira prima,
cosa entre ellos tenida en grande estima.