La araucana tercera parte: 046

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CANTO XXXI
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La araucana tercera parte



Y del alegre Pran acompañado
al pie de un alto cerro montuoso
vio el araucano ejército emboscado,
de brava gente y número copioso:
quedó el traidor de verlo algo turbado
y en la falsa y mudable fe dudoso:
que en el ánimo vario y movedizo
hace el temor lo que virtud no hizo.

Pero ya la maldad apoderada
dándole espuelas, y ánimo bastante,
la duda tropelló representada,
llevando el mal propósito adelante.
Y así, encubriendo la intención dañada
con mentirosas muestras y semblantes,
loó el traidor encarecidamente
el sitio, el orden, armas y la gente.

Y después de inquirir y haber notado
lo que notar entonces convenía,
visto el grande aparato y tanteado
la gente armada y cantidad que había,
advertido de todo y enterado,
llegó al presidio al rematar del día,
adonde le esperaba ya Reinoso,
de su larga tardanza sospechoso.

Hizo con singular advertimiento
de su jornada relación copiosa,
dándole mayor ánimo y aliento
nuestra llegada a tiempo provechosa.
Que si estuvistes a mi canto atento,
por la mañana y costa montuosa
al socorro llegué aquel mismo día
con los treinta que dije en compañía.

Gastóse aquella noche previniendo
las armas e instrumentos militares
el foso, muro y plaza requiriendo,
señalando a la gente sus lugares,
hasta que fue la aurora descubriendo
con turbia luz los hondo valladares,
dando triste señal del día esperado
por tanta sangre y muerte señalado.



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