La araucana tercera parte: 047

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CANTO XXXI
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La araucana tercera parte

Jamás se vio en los términos australes
salir el sol tan tardo a su jornada,
rehusando de dar a los mortales
la claridad y luz acostumbrada:
al fin salió cercado de señales,
y la luna delante dél menguada,
vuelto el mudable y blanco rostro al cielo
por no mirar al araucano suelo.

Hecha la prevención en confianza
por una y otra parte ocultamente,
con iguales designios y esperanza
aunque con hado y suerte diferente.
Veis aquí a Pran, que solo y a la usanza
de los mitayos indios diligentes,
cargado con un haz de blanco trigo
viene a buscar al alevoso amigo,

que a la salida de su rancho estaba
mirando a los caminos ocupado,
pareciéndole ya que se pasaba
el tiempo del concierto aún no llegado.
Tanto ya la maldad le aceleraba
de una furia maligna espoleado,
que siempre en lo que mucho se desea
no hay brevedad que dilación no sea.

Llegado Pran, le aseguró de cierto
que la gente en dos tercios dividida
había el murado sitio descubierto,
sin ser de nadie vista ni sentida.
Y con paso callado y gran concierto,
doméstica, ordenada y recogida
los pechos y las armas arrastrando,
venía derecha al fuerte caminando.



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