La araucana tercera parte: 050

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CANTO XXXI
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La araucana tercera parte



Como el cursado cazador que tiene
la caza y el lugar reconocido,
que poco a poco el cuerpo bajo viene
entre la yerba y matas escondido:
ya apresura el andar, ya le detiene,
mueve y asienta el paso sin ruido
hasta ponerse cerca y encubierto
donde pueda hacer el tiro cierto,

con no menor silencio y mayor tiento
los encubiertos indios parecieron
y sobre nuestro fuerte en un momento
a treinta y menos pasos se pusieron,
de do sin són de trompa ni instrumento
en callado tropel arremetieron
más de dos mil en número a las puertas,
con más cuidado que descuido abiertas.

No sé con qué palabras, con qué gusto
este sangriento y crudo asalto cuente,
y la lástima justa y odio justo,
que ambas cosas concurren juntamente.
El ánimo ahora humano, ahora robusto
me suspende y me tiene diferente,
que si al piadoso celo satisfago,
condeno y doy por malo lo que hago.

Si del asalto y ocasión me alejo,
dentro della y del fuerte estoy metido;
si en este punto y término lo dejo,
hago y cumplo muy mal lo prometido;
así dudoso el ánimo y perplejo,
destos juntos contrarios combatido,
lo dejo al otro canto reservado,
que de consejo estoy necesitado.



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