La araucana tercera parte: 055

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CANTO XXXII
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La araucana tercera parte

Deshechos, pues, del todo y destruidos,
y acabado el alcance y seguimiento,
los presos y despojos repartidos,
volvimos al dejado alojamiento
donde trece caciques elegidos
para ejemplar castigo y escarmiento,
a la boca de un grueso tiro atados,
fueron, dándole fuego, justiciados.

Muchos habrá de preguntar ganosos
si en el montón y número de gente
algunos de los indios valerosos
fueron muertos allí confusamente;
pues en todos los hechos peligrosos
Rengo, Orompello y Tucapel valiente
iban delante en la primera hilera,
abriendo siempre el paso y la carrera.

Respondo a esto, Señor, que no venía
capitán ni cacique señalado,
visto que el General usado había
de fraude y trato entrellos reprobado,
diciendo ser vileza y cobardía
tomar al enemigo descuidado,
y vitoria sin gloria y alabanza
la que por bajo término se alcanza.

Así que una arrogancia generosa
los escapó del trance y muerte cruda,
que ninguno por ruego ni otra cosa
quiso en ello venir ni dar ayuda,
teniendo por hazaña vergonzosa
vencer gente sin armas y desnuda:
que el peligro en la guerra es el que honra
y el que vence sin él, vence sin honra.

Quedó Caupolicán desta jornada
roto, deshecho y falto de pujanza,
que fue mucha la sangre derramada
y poca de su parte la venganza:
el cual viendo la turba amedrentada
y el ardor resfriado y la esperanza,
deshizo el campo entonces conveniente,
dando licencia a la cansada gente.