La araucana tercera parte: 056

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CANTO XXXII
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La araucana tercera parte



Quísose entretener mientras pasaba
de los contrarios hados la corrida,
conociendo de sí que peleaba
con cansada fortuna envejecida.
Así la gente en partes derramaba
con orden que estuviese apercebida
en cualquiera ocasión y movimiento,
para el primer aviso y mandamiento.

Y con solos diez hombres retirado,
gente de confianza y valentía,
ora en el monte inculto, ora en poblado,
desmintiendo los rastros parecía,
y en lugares ocultos alojado
jamás gran tiempo en una residía,
usando de su bárbara insolencia
por tenerlos en miedo y obediencia.

Nosotros en su incierto rastro a tino
andábamos haciendo mil jornadas,
no dejando lugar circunvecino
que no diésemos salto y trasnochadas.
Y en los más apartados del camino
hallábamos las casas ocupadas
de gente forajida de la tierra
que ya andaba huyendo de la guerra,

diciendo que de grado volvería
a sus yermas estancias y heredades,
pero que el General los compelía
usando de inhumanas crueldades;
y si en esto remedio se ponía,
llanas estaban ya las voluntades
para dejar las armas los soldados,
de la prolija guerra quebrantados.

Y aunque esto era fingido, gran cuidado
se puso en inquirir toda la tierra,
no quedando lugar inhabitado,
monte, valle, ribera, llano y sierra
donde no fuese el bárbaro buscado;
mas por bien ni por mal, por paz ni guerra,
aunque todo con todos lo probamos,
jamás señal, ni lengua dél hallamos.



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