La araucana tercera parte: 060

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CANTO XXXII
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La araucana tercera parte

Visto, pues, el agravio tan notable
y la objeción siniestra del soldado,
por el gran testimonio incompensable,
a la casta fenisa levantado,
pareciéndome cosa razonable
mostrarle que en aquello andaba errado
él y todos los más que me escuchaban
que en la misma opinión también estaban,

les dije que, queriendo el Mantuano
hermosear su Eneas floreciente
porque César Augusto Octaviano
se preciaba de ser su decendiente,
con Dido usó de término inhumano
infamándola injusta y falsamente,
pues vemos por los tiempos haber sido
Eneas cien años antes que fue Dido.

Quedaron admirados en oírme,
que así Virgilio a Dido disfamase,
haciendo instancia todos en pedirme
que su vida y discurso les contase.
Yo pensando también con divertirme,
que la cuerda el trabajo algo aflojase,
los quise complacer y también quiero
daros aquí razón de mí primero:

Cuento una vida casta, una fee pura
de la fama y voz pública ofendida,
en esta no pensada coyuntura
por raro ejemplo y ocasión traída,
y una falsa opinión que tanto dura
no se puede mudar tan de corrida,
ni del rudo común, mal informado,
arrancar un error tan arraigado.

Y pues de aquí al presidio yo no hallo
cosa que sea de gusto ni contento,
sin dejar de picar siempre al caballo,
ni del tiempo perder sólo un momento,
no pudiendo eximirme ni escusallo
por ser historia y agradable el cuento,
quiero gastar en él, si no os enfada,
este rato y sazón desocupada.