La araucana tercera parte: 065

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CANTO XXXII
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La araucana tercera parte



haciéndole entender que ya cansada
del llanto y soledad que padecía
en aquellos palacios y morada
do tuvo un tiempo alegre compañía,
de la triste memoria lastimada,
dando algún vado a su dolor, quería
irse con él poniendo fin al lloro
con todas sus riquezas y tesoros;

para lo cual secreta y prestamente,
una fornida flota le enviase,
donde con todo su tesoro y gente
en arribando al puerto se embarcase
porque con el seguro conveniente
el mar que estaba en medio atravesase,
que era solo el temido impedimento
de su esperado y último contento.

Llegada, pues, la nueva al ambicioso
rey de aquello que tanto deseaba,
viendo que al fin y puerto venturoso
sus cosas la fortuna encaminaba,
alegre más que nunca y codicioso,
luego una gruesa flota despachaba
de naves y galeras, bastecida
de gente, de regalos y comida.

Llegó al puerto la flota deseada
con presta y no pensada diligencia,
do la gente del Rey desembarcada
fue luego a dar a Dido la obediencia,
que mostrando placer de su llegada,
con loable cuidado y providencia
hizo luego hospedar toda la gente
espléndida, cumplida y largamente.

En siendo tiempo, la cuidosa Dido
a su gente mandó que se aprestase,
y con alarde y público ruido
los empacados muebles embarcase,
haciendo que de noche y escondido
en su nave al tesoro se cargase
con tan grande secreto, que ninguno
tuvo dello noticia o rastro alguno.



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