La araucana tercera parte: 066

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXXII
Pág. 066 de 138
La araucana tercera parte

Tenía sesenta cajas prevenidas,
llenas de gruesa arena y aplomadas,
de fuertes cerraduras guarnecidas,
con dobles planchas de metal herradas;
éstas fueron en público traídas
donde a vista de todos embarcadas
daban muestra que en ellas iba el oro,
las joyas, las riquezas y tesoro.

Luego Elisa, con tierno sentimiento
del lastimado pueblo se embarcaba,
dando presto la vela al manso viento
que favorable en popa respiraba.
La nave con sereno movimiento
el llano y sosegado mar cortaba,
comenzando a seguir toda la flota
de la alta capitana la derrota.

Aquella noche y el siguiente día
corrió con viento próspero la armada,
mas ya que el mar las costas encubría
y del todo se vio Dido engolfada,
la noble y obediente compañía
al borde de su nave congregada,
hizo en torno allegar la demás gente,
que a la vista también fuese presente,

diciéndoles con pecho valeroso,
que su designio y pretensión no era
ir al injusto hermano cauteloso,
de quien era enemiga verdadera,
porque con trato y término alevoso
debajo de hermandad y fe sincera,
movido de sacrílego deseo
había dado la muerte a su Sicheo.

Por donde ella también, no asegurada
de sus secretos fraudes y traiciones,
quería dejar la cara patria amada,
su reino, su morada y posesiones,
y al mar dudoso y vientos entregada
buscar nuevas provincias y regiones,
adonde con seguro viviría
lejos de su dominio y tiranía.