La araucana tercera parte: 068

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CANTO XXXII
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La araucana tercera parte

«Amigos, que del firme intento mío
habéis visto a los ojos ya la prueba,
y cómo la fortuna a su albedrío
errando por el ancho mar me lleva,
podréis volver, si ya no es desvarío,
a dar al Rey la desabrida nueva
del tesoro anegado, y mi huida
a tierra y a región no conocida.

Pero ya conocéis por esperiencia
su irreparable furia acelerada,
que viendo que volvéis a su presencia
sin el tesoro y prenda deseada,
descargará con bárbara impaciencia
sobre vuestra cerviz la mano airada,
sin escuchar descargo ni disculpa,
añadiendo maldad y culpa a culpa.

Y pues es de temer la tiranía
y el ímpetu de un mozo rey airado
que así del caro reino y patria mía
a buscar nuevas tierras me ha sacado,
quien quisiere seguir mi compañía
no se verá de mí desamparado,
mas de todo el provecho y bien que espero
será participante y compañero.

El lugar y aparejo es oportuno,
y para haber consejo me remueve
así que, pues sois sabios, cada uno
elija de dos males el más leve.
Si al Rey volvéis no ha de escapar ninguno,
y este dolor y lástima me mueve
a quereros rogar que vais conmigo
por no ser yo la causa del castigo.



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