La araucana tercera parte: 069

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CANTO XXXII
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La araucana tercera parte

Las muertes figurad y crueldades
que en vosotros habrán de esecutarse;
no miréis a las casas y heredades,
que todo por la vida es bien dejarse,
que en fortunas y grandes tempestades
sólo en lo que se escapa ha de pensarse,
conociendo que están todos los bienes
sujetos a peligros y vaivenes».

A las razones de la Reina atentos
los turbados ministros estuvieron,
y en la perpleja mente y pensamientos
mil cosas en un punto revolvieron;
al cabo (aunque diversos los intentos),
todos de un parecer se resolvieron
de seguirla hasta el fin en su viaje
dándole la obediencia y vasallaje.

La fe con juramento establecida,
sin que ninguno dellos rehusase,
dando vela a la flota detenida,
mandó Dido que a Cipro enderezase,
donde graciosamente recebida,
como allí su designio declarase,
llevó del ciprioto pueblo amigo
ochenta mozas vírgenes consigo

para a tiempo casarlas con la gente
que en su servicio y devoción llevaba,
buscando alguna tierra conveniente
donde fundar un pueblo deseaba:
así la vía de la África al poniente
con favorable viento navegaba.
Mas forzoso será, según me siento,
dividir en dos partes este cuento.



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