La araucana tercera parte: 074

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CANTO XXXIII
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La araucana tercera parte

Luego que los ancianos entendieron
la demanda de Yarbas arrogante,
llevar por artificio pretendieron
el negocio difícil adelante;
así que ante la Reina parecieron
con triste rostro y tímido semblante,
bajos los ojos, la color turbada,
mostrando desplacer con la embajada,

diciéndole: «Sabrás que habiendo oído
Yarbas tu buen gobierno y regimiento
por la parlera fama encarecido
y desta tu ciudad el crecimiento,
de una loable pretensión movido,
pide, que, sin algún detenimiento,
veinte de tu consejo más instrutos
vayan a reformar sus estatutos.

Y siendo de sufrir áspera cosa,
impropia a nuestra edad y profesiones,
dejar la patria cara y paz sabrosa
por ir a incultas tierras y naciones
a corregir de gente sediciosa
las costumbres y viejas condiciones,
todos sus consejeros los rehúsan,
y con causas legítimas se escusan.

Viendo que el caro y último sosiego
sin esperanza de volver perdemos,
y no condecendiendo al impio ruego
en gran peligro la ciudad ponemos,
pues con grueso poder y armada luego
al indignado joven Rey tendremos,
para asolar a hierro y fiera llama
tu pueblo insigne y celebrada fama.

«Esto es, en suma, lo que Yarbas pide
con ruegos de amenaza acompañados,
pero nuestra cansada edad lo impide,
y las leyes nos hacen jubilados;
pues no es razón, si por razón se mide,
que de largos trabajos quebrantados
dejemos nuestras casas y manida
en el último tercio de la vida.



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