La araucana tercera parte: 076

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CANTO XXXIII
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La araucana tercera parte

«¡Al alto y grande Iúpiter pluguiera
que bastara ofrecer la vida mía,
que presto el judicioso mundo viera
cuán voluntariamente la ofrecía!
Y pues habéis pasado la carrera
por tan estrecha y trabajosa vía,
no es bien que al rematar tan largo trecho
borréis y deshagáis cuanto habéis hecho».

Visto los senadores cómo Dido
(por el camino de razón llevada)
en el armado lazo había caído,
en sus mismas palabras enredada,
cambiando en rostro alegre el afligido,
las manos altas y la voz alzada,
le dicen: «Todos juntos como estamos
tus urgentes razones aprobamos.

Justamente, Señora, sentenciaste,
sacándonos de duda y grande aprieto,
que no hay razón tan eficaz que baste
contra la autoridad de tu decreto;
y porque tiempo en esto no se gaste,
es bien que te aclaremos el secreto
pues por ningún respeto ni avenencia
puedes contravenir a tu sentencia.

«Sabrás, Reina, que Yarbas no te envía
por tus ancianos viejos impedidos,
que en todo buen gobierno y policía
tiene su reino y pueblos corregidos.
Sólo quiere tu gracia y compañía,
ofreciéndote en dote mil partidos,
con útiles y honrosas condiciones
y un infinito número de dones.

Advierte que, si a caso no acetares
el santo conyugal ayuntamiento,
y con errado acuerdo despreciares
su larga voluntad y ofrecimiento,
harás que el hierro y llamas militares
asuelen a Cartago de cimiento,
así que en tu eleción y a tu escogida
queda la guerra o paz comprometida.



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