La araucana tercera parte: 081

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CANTO XXXIII
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La araucana tercera parte

Iban todos atentos escuchando
el estraño suceso peregrino,
cuando al fuerte llegamos, acabando
la historia juntamente y el camino.
Y en él aquella noche reposando,
venida la mañana nos convino
procurar de tener con diligencia
del buscado enemigo inteligencia.

Mas un indio que a caso inadvertido,
fue de una escolta nuestra prisionero,
hombre en las muestras de ánimo atrevido,
suelto de manos y de pies ligero
con promesas y dádivas vencido,
dijo: «Yo me resuelvo y me profiero
de daros llanamente hoy en la mano
al grande General Caupolicano.

En un áspero bosque y espesura,
nueve millas de Ongolmo desviado,
está en un sitio fuerte por natura
de ciénagas y fosos rodeado,
donde por ser la tierra tan segura
anda de solos diez acompañado,
hasta que vuestra próspera creciente
aplaque el gran furor de su corriente.

Por una estrecha y desusada vía,
sin que pueda haber dello sentimiento,
seré en la noche escura yo la guía,
llevando vuestra gente en salvamento;
y antes que se descubra el claro día
daréis en el oculto alojamiento,
donde cumplir del todo yo me obligo,
pena de la cabeza, lo que digo».

Fue la razón del mozo bien oída,
viéndole en su promesa tan constante
y así luego una escuadra prevenida
de gente experta y número bastante
para toda sospecha apercebida,
llevando al indio amigo por delante,
salió a la prima noche en gran secreto,
con paso largo y caminar quieto.



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