La araucana tercera parte: 082

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CANTO XXXIII
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La araucana tercera parte

Por una senda angosta e intricada,
subiendo grandes cuestas y bajando,
del solícito bárbaro guiada,
iba a paso tirado caminando;
mas la escura tiniebla adelgazada
por la vecina aurora, reparando
junto a un arroyo y pedregosa fuente,
volvió el indio diciendo a nuestra gente:

Yo no paso adelante, ni es posible
seguir este camino comenzado,
que el hecho es grande y el temor terrible
que me detiene el paso acobardado,
imaginando aquel aspecto horrible
del gran Caupolicán contra mí airado,
cuando venga a saber que solo he sido
el soldado traidor que le ha vendido.

Por este arroyo arriba, que es la guía
aunque sin rastro alguno ni vereda,
daréis presto en el sitio y ranchería
que está en medio de un bosque y arboleda;
y antes que aclare el ya vecino día,
os dad priesa a llegar, porque no pueda
la centinela descubrir del cerro
vuestra venida oculta y mi gran yerro.

Yo me vuelvo de aquí pues he cumplido
dejándoos, como os dejo, en este puesto,
adonde salvamente os he traído
poniéndome a peligro manifiesto;
y pues al punto justo habéis venido,
os conviene dar priesa y llegar presto,
que es irrecuperable y peligrosa
la pérdida del tiempo en toda cosa.

Y si sienten rumor desta venida,
el sitio es ocupado y peñascoso,
fácil y sin peligro la huida
por un derrumbadero montuoso:
mirad que os daña ya la detenida,
seguid hoy vuestro hado venturoso,
que menos de una milla de camino
tenéis al enemigo ya vecino».



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