La araucana tercera parte: 085

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CANTO XXXIII
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La araucana tercera parte

Trújola el negro suelta, no entendiendo
que era presa y mujer tan importante;
en esto ya la gente iba saliendo
al tino del arroyo resonante,
cuando la triste palla descubriendo
al marido que preso iba adelante,
de sus insignias y armas despojado,
en el montón de la canalla atado,

no reventó con llanto la gran pena
ni de flaca mujer dio allí la muestra,
antes de furia y viva rabia llena,
con el hijo delante se le muestra
diciendo: «La robusta mano ajena
que así ligó tu afeminada diestra
más clemencia y piedad contigo usara
si ese cobarde pecho atravesara.

¿Eres tú aquel varón que en pocos días
hinchó la redondez de sus hazañas,
que con sólo la voz temblar hacías
las remotas naciones más estrañas?
¿Eres tú el capitán que prometías
de conquistar en breve las Españas,
y someter el ártico hemisferio
al yugo y ley del araucano imperio?

¡ Ay, de mí! ¡Cómo andaba yo engañada
con mi altiveza y pensamiento ufano,
viendo que en todo el mundo era llamada
Fresia, mujer del gran Caupolicano!
Y agora miserable y desdichada
todo en un punto me ha salido vano,
viéndote prisionera en un desierto,
pudiendo haber honradamente muerto.