La araucana tercera parte: 088

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CANTO XXXIV
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La araucana tercera parte



Habla Caupolicán a Reynoso y, sabiendo que ha de morir, se
vuelve cristiano; muere de miserable muerte aunque con ánimo
esforzado. Los araucanos se juntan a la eleción del nuevo general.
Manda el rey don Felipe levantar gente para entrar en Portugal


¡Oh vida miserable y trabajosa
a tantas desventuras sometida!
¡Prosperidad humana sospechosa
pues nunca hubo ninguna sin caída!
¿Qué cosa habrá tan dulce y tan sabrosa
que no sea amarga al cabo y desabrida?
No hay gusto, no hay placer sin su descuento,
que el dejo, del deleite es el tormento.

Hombres famosos en el siglo ha habido
a quien la vida larga ha deslustrado,
que el mundo los hubiera preferido
si la muerte se hubiera anticipado:
Aníbal desto buen ejemplo ha sido
y el Cónsul que en Farsalia derrocado
perdió por vivir mucho, no el segundo,
mas el lugar primero deste mundo.

Esto confirma bien Caupolicano,
famoso capitán y gran guerrero,
que en el término américo-indiano
tuvo en las armas el lugar primero;
mas cargóle Fortuna así la mano
(dilatándole el término postrero),
que fue mucho mayor que la subida
la miserable y súbita caída.

El cual, reconociendo que su gente
vacilando en la fe titubeaba,
viendo que ya la próspera creciente
de su fortuna apriesa declinaba,
hablar quiso a Reynoso claramente;
que venido a saber lo que pasaba,
presente el congregado pueblo todo,
habló el bárbaro grave deste modo:



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