La araucana tercera parte: 096

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CANTO XXXIV
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La araucana tercera parte

Fue entre ellos acordado que viniesen
solos, a la ligera, sin bullicio,
porque los enemigos no tuviesen
de aquella nueva junta algún indicio,
haciendo que de todas partes fuesen
indios que con industria y artificio
instasen en la paz siempre ofrecida,
con muestra humilde y contrición fingida.

El plazo puesto y sitio señalado
en un cómodo valle y escondido,
la convocada gente del Senado
al término llegó constituido;
y entre ellos Tucapel determinado
do por bien o por mal ser elegido,
y otros que con menores fundamentos,
mostraban sus preñados pensamientos.

Siento fraguarse nuevas disensiones,
moverse gran discordia y diferencia,
hervir con ambición los corazones,
brotar el odio antiguo y competencia;
variar los designios y opiniones
sin manera o señal de conveniencia,
fundando cada cual su desvarío
en la fuerza del brazo y albedrío.

Entrados, como digo, en el consejo,
los caciques y nobles congregados,
todos con sus insignias y aparejo,
según su antigua preeminencia armados,
Colocolo, sagaz y cauto viejo,
viéndolos en los rostros demudados,
aunque aguardaba a la sazón postrera,
adelantó la voz desta manera.

Pero si no os cansáis, Señor, primero
que os diga lo que dijo Colocolo,
tomar otro camino largo quiero
y volver el designio a nuestro polo.
Que aunque a deciros mucho me profiero,
el sujeto que tomo basta solo
a levantar mi baja voz cansada
de materia hasta aquí necesitada.



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