La araucana tercera parte: 102

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CANTO XXXV
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La araucana tercera parte



Entran los españoles en demanda de la nueva tierra. Sáleles al
paso Tunconabala; persuádeles a que se vuelvan pero viendo que
no aprovecha, les ofrece una guía que los lleva por grandes
despeñaderos, donde pasaron terribles trabajos


¿Qué cerros hay que el interés no allana
y qué dificultad que no la rompa?
¿Qué pecho fiel, qué voluntad tan sana,
que éste no le inficione y la corrompa?
Destruye el trato de la vida humana,
no hay orden que no altere y la interrompa,
ni estrecha entrada ni cerrada puerta
que no la facilite y deje abierta.

Éste de parentescos y hermandades
desata el ñudo y vínculo más fuerte,
vuelve en enemistad las amistades
y el grato amor en desamor convierte;
inventor de desastres y maldades,
tropella a la razón, cambia la suerte,
hace al hielo caliente, al fuego frío
y hará subir por una cuesta un río.

Así por mil peligros y derrotas,
golfos profundos, mares no sulcados,
hasta las partes últimas ignotas
trujo sin descansar tantos soldados,
y por vías estériles remotas
del interés incitador llevados,
piensan escudriñar cuanto se encierra
en el círculo inmenso de la tierra.

Dije que don García había arribado
con prática y, lucida compañía
al término de Chile señalado
de do nadie jamás pasado había;
y en medio de la raya el pie afirmado,
que los dos nuevos mundos dividía,
presente yo y atento a las señales,
las palabras que dijo fueron tales:



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