La araucana tercera parte: 105

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CANTO XXXV
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La araucana tercera parte

Luego el anciano a voces y en estraña
lengua de nuestro intérprete entendida
dijo: «¡Oh gente infeliz, a esta montaña
por falso engaño y relación traída,
do la serpiente y áspera alimaña
apenas sustentar pueden la vida,
y adonde el hijo bárbaro nacido
es de incultas raíces mantenido!

«¿Qué información siniestra, qué noticia
incita así vuestro ánimo invencible?
¿Qué dañado consejo o qué malicia
os ha facilitado lo imposible?
Frenad, aunque loable, esa cudicia
que la empresa es difícil y terrible;
y vais sin duda todos engañados
a miserable muerte condenados,

«que cuando no encontréis gente de guerra
que os ponga en el pasaje impedimento,
hallaréis una sierra y otra sierra,
y una espesura y otra y otras ciento,
tanto que la aspereza de la tierra,
por la falta de yerba y nutrimento
y contagión del aire, no consiente
en su esterilidad cosa viviente.

«Y aunque me veis en bruto transformado
a la silvestre vida reducido,
sabed que ya en un tiempo fui soldado,
y que también las armas he vestido;
así que por la ley que he profesado,
viendo que va este ejército perdido,
la lástima me mueve a aconsejaros
que sin pasar de aquí, queráis tornaros;

que estas yermas campañas y espesuras
hasta el frígido sur continuadas,
han de ser el remate y sepulturas
de todas vuestras prósperas jornadas.
Mirad destos salvajes las figuras
de quien son como fieras habitadas,
y el fruto que nos dan escasamente,
del cual os traigo un mísero presente».