La araucana tercera parte: 109

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXXV
Pág. 109 de 138
La araucana tercera parte

Era lástima oír los alaridos,
ver los impedimentos y embarazos,
los caballos sin ánimo caídos,
destroncados los pies, rotos los brazos;
nuestros sencillos débiles vestidos
quedaban por las zarzas a pedazos;
descalzos y desnudos, sólo armados,
en sangre, lodo y en sudor bañados.

Y demás del trabajo incomportable,
faltando ya el refresco y bastimento,
la aquejadora hambre miserable
las cuerdas apretaba del tormento;
y el bien dudoso y daño indubitable
desmayaba la fuerza y el aliento,
cortando un dejativo sudor frío,
de los cansados miembros todo el brío.

Pero luego también considerando
la gloria que el trabajo aseguraba,
el corazón los miembros reforzando,
cualquier dificultad menospreciaba,
y los fuertes opuestos contrastando
todo lo por venir facilitaba,
que el valor más se muestra y se parece
cuando la fuerza de contrarios crece.

Así, pues, nuestro ejército rompiendo
de sólo la esperanza alimentado,
pasaba a puros brazos descubriendo
el encubierto cielo deseado.
Íbanse ya las breñas destejiendo,
y el bosque de los árboles cerrado
desviando sus ramas intricadas
nos daban paso y fáciles entradas.