La araucana tercera parte: 110

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXXV
Pág. 110 de 138
La araucana tercera parte

Ya por aquella parte, ya por ésta
la entrada de la luz desocupando,
el yerto risco y empinada cuesta
iban sus altas cumbres allanando;
la espesa y congelada niebla opuesta,
el grueso vapor húmido exhalando,
así se adelgazaba y esparcía,
que penetrar la vista ya podía.

Siete días perdidos anduvimos
abriendo a hierro el impedido paso,
que en todo aquel discurso no tuvimos
do poder reclinar el cuerpo laso.
Al fin una mañana descubrimos
de Ancud el espacioso y fértil raso,
y al pie del monte y áspera ladera
un estendido lago y gran ribera.

Era un ancho arcipiélago, poblado
de innumerables islas deleitosas,
cruzando por el uno y otro lado
góndolas y piraguas presurosas.
Marinero jamás desesperado
en medio de las olas fluctuosas
con tanto gozo vio el vecino puerto,
como nosotros el camino abierto.

Luego, pues, en un tiempo arrodillados,
llenos de nuevo gozo y de ternura,
dimos gracias a Dios, que así escapados
nos vimos del peligro y desventura;
y de tantas fatigas olvidados,
siguiendo el buen suceso y la ventura,
con esperanza y ánimo lozano
salimos presto al agradable llano.