La araucana tercera parte: 111

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXXV
Pág. 111 de 138
La araucana tercera parte



El enfermo, el herido, el estropeado,
el cojo, el manco, el débil, el tullido,
el desnudo, el descalzo, el desgarrado,
el desmayado, el flaco, el deshambrido
quedó sano, gallardo y alentado,
de nuevo esfuerzo y de valor vestido,
pareciéndole poco todo el suelo
y fácil cosa conquistar el cielo.

Mas con todo este esfuerzo, a la bajada
de la ribera, en partes montuosa,
hallamos la frutilla coronada
que produce la murta virtuosa;
y aunque agreste, montés, no sazonada,
fue a tan buena sazón y tan sabrosa,
que el celeste maná y ollas de Egito
no movieran mejor nuestro apetito.

Cual banda de langostas enviadas
por plaga a veces del linaje humano,
que en las espigas fértiles granadas
con un sordo rozar no dejan grano,
así pues en cuadrillas derramadas,
suelta la gente por el ancho llano,
dejaba los murtales más copados
de fruta, rama, y hoja despojados.

A puñados la fruta unos comían
de la hambre aquejados importuna;
otros ramos y hojas engullían,
no aguardando a cogerla una por una.
Quien huye al repartir la compañía,
buscando en lo escondido parte alguna
donde comer la rama desgajada
de las rapaces uñas escapada,



<<<
>>>