La araucana tercera parte: 114

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CANTO XXXVI
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La araucana tercera parte

Si vuestra pretensión y pensamiento
es de buscar región más espaciosa,
y en la prosecución de vuestro intento
tenéis necesidad de alguna cosa,
toda comodidad y aviamiento
con mano larga y voluntad graciosa
hallaréis francamente en el camino
por todo el rededor circunvecino.

Y si queréis morar en esta tierra,
tierra donde moréis aquí os daremos;
si os aplace y os agrada más la sierra,
allá seguramente os llevaremos;
si queréis amistad, si queréis guerra,
todo con ley igual os lo ofrecemos:
escoged lo mejor que, a elección mía,
la paz y la amistad escogería».

Mucho agradó la suerte, el garbo, el traje
del gallardo mancebo floreciente,
el expedido término y lenguaje
con que así nos habló bizarramente;
el franco ofrecimiento y hospedaje,
la buena traza y talle de la gente,
blanca, dispuesta, en proporción fornida,
de manto y floja túnica vestida;

la cabeza cubierta y adornada
con un capelo en punta rematado
pendiente atrás la punta y derribada,
a las ceñidas sienes ajustado,
de fina lana de vellón rizada
y el rizo de colores variados,
que lozano y vistoso parecía
señal de ser el clima y tierra fría.

Las gracias le rendimos de la oferta
y voluntad graciosa que mostraba,
ofreciendo también la nuestra cierta,
que a su provecho y bien se enderezaba;
pero al fin nuestra falta descubierta
y lo mal que la hambre nos trataba,
le pedimos refresco y vitualla
debajo de promesa de pagalla.



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