La araucana tercera parte: 120

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CANTO XXXVI
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La araucana tercera parte



Hubo allí escaramuzas sanguinosas,
ordinarios rebatos y emboscadas,
encuentros y refriegas peligrosas,
asaltos y batallas aplazadas,
raras estratagemas engañosas,
astucias y cautelas nunca usadas,
que aunque fueron en parte de provecho,
algunas nos pusieron en estrecho.

Mas después del asalto y gran batalla
de la albarrada de Quipeo temida,
donde fue destrozada tanta malla
y tanta sangre bárbara vertida,
fortificado el sitio y la muralla,
aceleré mi súbita partida;
que el agravio, más fresco cada día,
me estimulaba siempre y me roía.

Y en un grueso barcón, bajel de trato,
que velas altas de partida estaba,
salí de aquella tierra y reino ingrato
que tanto afán y sangre me costaba;
y sin contraste alguno ni rebato,
con el austro que en popa nos soplaba,
costa a costa y a veces engolfado
llegué al Callao de Lima celebrado.

Estuve allí hasta tanto que la entrada
por el gran Marañón hizo la gente,
donde Lope de Aguirre en la jornada,
más que Nerón y Herodes inclemente,
pasó tantos amigos por la espada
y a la querida hija juntamente,
no por otra razón y causa alguna
mas de para morir juntos a una.

Y aunque más de dos mil millas había
de camino, por partes despoblado,
luego de allí por mar tomé la vía,
a más larga carrera acostumbrado,
y a Panamá llegué, do el mismo día
la nueva por el aire había llegado
del desbarate y muerte del tirano,
saliendo mi trabajo y priesa en vano.



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