La araucana tercera parte: 129

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO XXXVII
Pág. 129 de 138
La araucana tercera parte



y unas mismas divisas y banderas
salgan de alojamientos diferentes,
trayendo mil naciones estranjeras
que derraman la sangre de inocentes
y introducen errores y maneras
de pegajosos vicios insolentes,
dejando con su peste derramada
la católica España inficionada?

A vos, Eterno Padre Soberano,
el favor necesario y gracia pido
y os suplico queráis mover mi mano
pues en vos y por vos todo es movido,
para que al portugués y al castellano
dé justamente lo que le es debido,
sin que me tuerza y saque de lo justo
particular respeto ni otro gusto.

Y pues Vos conocéis los corazones
y el justo celo con que el mío se mueve,
y en los buenos propósitos y acciones
el principio tenéis y el fin se os debe,
dadme espíritu igual, dadme razones
con que informe mi pluma que se atreve
a emprender (temeraria y arrojada)
con tan poco caudal tan gran jornada.

Queriendo Sebastián, rey lusitano,
con ardor juvenil y movimiento
romper el ancho término africano
y oprimir el pagano atrevimiento,
prometiéndole entrada y paso llano
su altivo y levantado pensamiento,
allegó de aquel reino brevemente
la riqueza, poder, la fuerza y gente.

Mas el Rey don Felipe, que al sobrino
vio moverse a la empresa tan ligero,
el errado designio contravino
con consejo de padre verdadero;
y pensando apartarle del camino
que iba a dar a tan gran despeñadero,
hizo que en Guadalupe se juntasen
para que allí sobre ello platicasen.



<<<
>>>