La araucana tercera parte: 130

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CANTO XXXVII
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La araucana tercera parte

No bastaron razones suficientes
ni el ruego y persuasión del grave tío,
ni una gran multitud de inconvenientes
que pudieran volver atrás un río,
ni el poner la cerviz de tantas gentes
bajo de un solo golpe al albedrío
de la inconstante y variable diosa,
de revolver el mundo deseosa,

que el orgulloso mozo, prometiendo
lo que el justo temor dificultaba,
los prudentes discursos rebatiendo,
todos los contrapuestos tropellaba,
y tras la libre voluntad corriendo
su muerte y perdición apresuraba,
que no basta consejo ni advertencia
contra el decreto y la fatal sentencia.

¿Quién cantará el suceso lamentable
aunque tenga la voz más expedida
y aquel sangriento fin tan miserable
de la jornada y gente mal regida,
la ruina de un reino irreparable,
la fama antigua en sólo un día perdida,
todo por voluntad de un mozo ardiente,
movido sin razón por acidente?

Otro refiera el aciago día,
que a los más tristes en miseria excede,
que aunque sangrienta está la pluma mía,
correr por tantas lástimas no puede.
Quiero seguir la comenzada vía,
si el alto cielo aliento me concede,
que ya de aquesta parte también siento
armarse un gran ñublado turbulento.

Después que el mozo Rey voluntarioso
al africano ejército asaltando,
en el ciego tumulto polvoroso
murió en montón confuso peleando,
y la fortuna de un vaivén furioso
derrocó cuatro reyes, ahogando
la fama y opinión de tanta gente,
revolviendo las armas del Poniente,


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