La araucana tercera parte: 135

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CANTO XXXVII
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La araucana tercera parte



Y aunque entendiese el viejo Rey prudente
ser esto lo que a todos convenía,
pues por la espresa ley derechamente
el reino a su sobrino le venía,
con larga dilación impertinente
el negocio suspenso entretenía,
a fin que aquellos súbditos y estados
fuesen con más ventaja aprovechados.

Pues como hubiese el tardo Rey dudoso
el término y respuesta diferido,
llegó aquél de la muerte presuroso,
del Autor de la vida estatuido:
por donde al sucesor le fue forzoso
viendo al rebelde pueblo endurecido,
juntar contra sus fines y malicia
las armas, y el poder con la justicia,

habiendo antes con todos procurado
muchos medios de paz por él movidos,
provocando al temoso y porfiado
con dádivas, promesas y partidos;
mas el poblacho terco y obstinado,
no estimando los bienes ofrecidos,
la enemistad del todo descubierta,
al derecho y razón cerró la puerta.

¡Quién pudiera deciros tantas cosas
como aquí se me van representando:
tanto rumor de trompas sonorosas,
tanto estandarte al viento tremolando
las prevenidas armas sanguinosas
del portugués y castellano bando,
el aparato y máquinas de guerra,
las batallas de mar y las de tierra!

Veránse entre las armas y fiereza
materias de derecho y de justicia,
ejemplos de clemencia y de grandeza,
proterva y contumaz enemicicia,
liberal y magnánima largueza
que los sacos hinchó de la codicia,
y otros matices vivos y colores
que felices harán los escritores