La bella malmaridada: 081

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La bella malmaridada Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LISBELLA:

  ¡Jesús, Señor!, ¿vós empuñáis la daga?
¿Tenéis, a caso, de mi honor recelo?

LEONARDO:

No os espantéis, Lisbella, que esto haga.

LISBELLA:

¡Viva me trague, si os ofendo, el suelo!,
mas, porque el corazón no se deshaga
en el pecho, pensando este recelo,
oídme un poco; contaréoslo todo.

LEONARDO:

¿Con esa dilación pensáis el modo?

LISBELLA:

  Después que tratáis mujeres rüines,
habéis tenido ruines pensamientos;
viniéndoos a acostar a los Maitines,
con mil livianos entretenimientos.

LEONARDO:

Haceisos todos unos serafines,
en viendo descubiertos los intentos
de vuestro mal vivir, y luego ha sido
culpa el marido, que anda destraído.

LISBELLA:

  Paso, señor, que soy mujer honrada,
y no lo agradecéis.

LEONARDO:

Gentil respuesta.
No estáis, Lisbella, vós misma obligada,
a vós propria, por vós, a ser honesta.

LISBELLA:

En tales tiempos, que no está guardada
la honra, sino a mil peligros puesta,
tener honor guardado en casa es mucho.


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