La bella malmaridada: 110

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La bella malmaridada Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISBELLA:

Luego, si un vicio se acaba,
comenzáis por otro vicio.
  ¿No puede un hombre casado
tener su gusto y favor,
sino siendo jugador
y dando en amancebado?
  Pues de aquí, Leonardo, os ruego
que si algún vicio ha de haber,
deis el alma a una mujer,
y no se la deis al juego;
  que a los ratos oportunos
de gozar vuestros favores,
de tanto decirle amores,
quizá me diréis algunos.
  Que cuando allá fuera andaba
vuestro gusto entretenido,
o por ser vós mi marido,
o porque yo me quejaba,
  entre mil requiebros bellos,
vuestros brazos tuve asidos,
y aunque para mí fingidos,
yo me engañaba con ellos.
  Y aunque por esto engañada,
gozaba de vuestro lado,
y con nombre regalado,
era de vós regalada.
  Y agora que estáis conmigo,
como el sueño no es pesado,
más espaldas me habéis dado
que un cobarde a su enemigo.
  Dormís con poco sosiego,
coméis poco alborotado,
andáis desasosegado,
y abrasaisme en puro fuego.
  Y agora, si os digo «muero,
mi bien», luego se alborota
vuestra alma, y dice «una sota
me quitó todo el dinero».
  No quiero competidor
tan grande, que una mujer
otra la podrá vencer
con industria, o por amor;
  mas contra un naipe no sé
treta que pueda valerme.


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