La bella malmaridada: 127

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La bella malmaridada Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TEODORO:

Ven.

CONDE:

Venme, amigo, a acompañar.
¿Podemos armas llevar?

TEODORO:

Y un pistolete también.
(Vanse todos, y sale CLAVELIO, y su PADRE, y BELARDO.)

PADRE:

  ¿Que los hijos le ha quitado?

BELARDO:

Ya te digo
adónde los dejé, aunque él me decía
que los llevase en cas de don Rodrigo.

PADRE:

Bien, hija, te bastó ser prenda mía,
que, por darte a Leonardo mi enemigo,
te di, en dote, la hacienda que tenía,
y más dote te di, que no de oro.
Tu pena siento y mi desgracia lloro.

CLAVELIO:

  ¿Qué lloras porque tienes un mal yerno,
si tienes una hija tan honrada
y un hijo, que la espada que gobierno
espera de su sangre ver manchada?
Sabía yo, desde el pasado invierno,
cómo era del infame regalada,
que, después de las doce, o casi al día,
a ver sus hijos y mujer venía.
  Dejó de amancebarse, y dio en aqueso,
que es más vicio jugar que amancebado,
y perdiendo la hacienda, y aun el seso,
se juega ya el honor que le ha quedado.


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