La boba para los otros: 030

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La boba para los otros Acto I Félix Lope de Vega y Carpio

 


Salen Alejandro, hermano del duque de Florencia, Albano y criados.
Alejandro:

¡Gran deleite la caza!

Albano:

En ti se prueba,
pues a los montes del confín de Urbino,
desde Florencia, sin parar, te lleva.

Alejandro:

Llamarle puedes dulce desatino,
que hermosa fuente de esta oscura cueva
remite al valle el paso cristalino,
el rubio lirio y la azucena cana
parece que es el baño de Diana.
Campos, yo pienso que del cielo fuistes
al hombre los mayores beneficios;
que, fuera del sustento que le distes,
templáis la gravedad de los oficios;
¿qué pensamientos no se alegran, tristes,
entre estos naturales edificios,
arquitectura que formó el diluvio,
mejor que los diseños de Vitrubio?
Allí un peñasco empina la alta frente,
que parece que el cielo desafía;
allí se humilla, y más profundamente
su firme fundamento hallar porfía.
¿Qué puerta más pomposa y eminente
coronan, entre dórica armonía,
más reales trofeos que a estos riscos,
guirnaldas de tarayes y lentiscos?
En esta soledad parece el cielo
prado de flores, cándidas y bellas,
y en tanto luz, el esmaltado suelo,
con licencia del Sol, prado de estrellas.
¡Qué cosa es ver un músico arroyuelo
sirviendo de instrumento a las querellas
de un ruiseñor, que cuando más suspira,
canta la solfa que en su arena mira!