La caída de las hojas (Heredia)
Apariencia
Para obras con títulos similares, véase La caída de las hojas.
LA CAÍDA DE LAS HOJAS
(DE MILLEVOYE)
De Otoño el viento, la tierra
Llenaba de hojas marchitas,
Y en el valle solitario
Mudo el ruiseñor yacía.
Solo y moribundo un joven
Lentamente recorría
El bosque donde jugaba
En sus niñeces floridas.
«Adiós, adorado bosque;
«Voy á morir», le decía,
»Y mi fin desventurado
»Tus hojas ¡ay! vaticinan.
»La enfermedad que mi seno
»Está devorando impía,
»Pálido, cual flor de Otoño,
»Hacia el sepulcro me inclina.
»Apenas breves instantes
»Disfruté la dulce vida,
»Y siento mi primavera
»Cual sueño desvanecida.
»Caed, efímeras hojas;
»Y por el suelo tendidas,
»Á mi desolada madre
»Ocultad mi tumba fría.
»Mas si mi amante velada
»Viene en la tarde sombría
»Á llorar en mi sepulcro,
»Agitándoos conmovidas,
»Despertad mi triste sombra,
»Y su fiel llanto reciba.»
Dijo, y partió... ¡para siempre!
Murió, y al tercero día
La sepultura le abrieron
Bajo de la árida encina.
Su madre ¡ay! por poco tiempo
Vino á llorarle afligida;
Pero no su infiel amante,
Como el infeliz creía.
Sólo del pastor los pasos
En aquella selva umbría
Perturban hoy el silencio
En torno de sus cenizas.
Llenaba de hojas marchitas,
Y en el valle solitario
Mudo el ruiseñor yacía.
Solo y moribundo un joven
Lentamente recorría
El bosque donde jugaba
En sus niñeces floridas.
«Adiós, adorado bosque;
«Voy á morir», le decía,
»Y mi fin desventurado
»Tus hojas ¡ay! vaticinan.
»La enfermedad que mi seno
»Está devorando impía,
»Pálido, cual flor de Otoño,
»Hacia el sepulcro me inclina.
»Apenas breves instantes
»Disfruté la dulce vida,
»Y siento mi primavera
»Cual sueño desvanecida.
»Caed, efímeras hojas;
»Y por el suelo tendidas,
»Á mi desolada madre
»Ocultad mi tumba fría.
»Mas si mi amante velada
»Viene en la tarde sombría
»Á llorar en mi sepulcro,
»Agitándoos conmovidas,
»Despertad mi triste sombra,
»Y su fiel llanto reciba.»
Dijo, y partió... ¡para siempre!
Murió, y al tercero día
La sepultura le abrieron
Bajo de la árida encina.
Su madre ¡ay! por poco tiempo
Vino á llorarle afligida;
Pero no su infiel amante,
Como el infeliz creía.
Sólo del pastor los pasos
En aquella selva umbría
Perturban hoy el silencio
En torno de sus cenizas.