La casa de los celos: 27

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Jornada Primera
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La casa de los celos Acto I Miguel de Cervantes


(Vase retirando ROLDÁN hacia atrás,
y sube por la montaña como
por fuerza de oculta virtud.)

  
REINALDOS

¡Por cierto, a gentiles manos 795
te ha traído tu fortuna!


BERNARDO

Manos, yo no veo ninguna;
pies, sí, ligeros y sanos,
    y que os importa tenellos
para huir de mi presencia. 800


REINALDOS

¡Sin igual es tu insolencia!

 
(Sube BERNARDO por la peña arriba,
siguiendo a ROLDÁN, y va tras él REINALDOS.
Sale MARFISA, armada ricamente;
trae por timbre una ave Fénix y una águila
blanca pintada en el escudo, y, mirando
subir a los tres de la montaña,
con las espadas desnudas y que se
acaban de desparecer, dice:)

  

MARFISA

¿Si se combaten aquéllos?
    Si hacen, ponerlos quiero
en paz, si fuere posible.
¡Oh, qué montaña terrible! 805
Subir por ella no espero,
    ni podré a caballo ir,
aunque le vuelva a tomar;
mas, con todo, he de probar
el trabajo del subir. 810
    Bien se queda en la espesura
mi caballo hasta que vuelva;
nunca falta en esta selva
o buena o mala ventura.


 
(Sube MARFISA por la montaña,
y vuelven a salir al teatro,
riñendo, ROLDÁN, BERNARDO y REINALDOS.)

     

ROLDÁN

No sé yo cómo sea 815
que contra ti no tengo alguna saña,
ni puedo en tal pelea
mover la espada. ¡Cosa es ésta estraña!


BERNARDO

La razón que me ayuda
pone tus fuerzas y tu esfuerzo en duda. 820


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