La casa de los sueños (Versión para imprimir)

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Autor: Rubén Hernández Herrera[editar]

Capítulo 1[editar]

La cámara toma la ciudad a mil pies de altura, los edificios de la ciudad de Guadalajara resaltan sobre la mancha urbana. A las tres de la mañana son pocas las luces en su interior, Manuel se pasea sobre ellos viendo el panorama, tan real como si estuviera despierto, ubica la glorieta de Minerva y la avenida Lázaro Cárdenas, la González Gallo, vuela lenta y silenciosamente sobre la parte poniente de la ciudad, pasando por Tlaquepaque, muchas de las luces de la ciudad tintinean como estrellas, otras conservan su luminosidad constante, sólo se oye el sonido del viento en segundo plano. Al volar no produce ningún choque, lo que oye es el sonido natural del viento en esas alturas, solo aderezado por el ruido de uno que otro camión, que pareciera producirlo sólo con anónimos propósitos armónicos.

Puede subir, bajar, podría hasta pasar a través de los edificios si quisiera, estos vuelos los puede hacer desde hace varios años, viajar en ese extraño anonimato le producía un placer especial, al mismo tiempo que un temor constante. Veía la vida sencilla de quienes trabajaban a esas horas de la madrugada, apreciaba lo estético de una persona trabajando, tomar un café en una esquina con un tamal, ese placer de existir, de poder estar en algún lado, que no se podría haber imaginado de no estar en esas circunstancias, donde en cierta forma, no existía.

Girando suavemente hacia el cielo veía las estrellas, Orión y otras constelaciones que recién conocía, literalmente. Ahora las estrellas parecían estar pegadas a un inmenso techo, cuando al viajar entre ellas, pareciera que se vienen encima. La luna le parecía solitaria, después de ver planetas con varias de ellas que se acompañaban en su diario orbitar.

Empezaba a sentir ese frío curioso, sabía que tenía que empezar a regresar, sólo dio un paseo adicional por sus dos lugares favoritos y regresó a su casa, sin esfuerzo esta vez, entró de nuevo dentro de sí. Ya dormido, dentro de su inconciencia, decidió no despertar, no era como las primeras veces en que se angustiaba, ahora esperó el sonido de su celular.

Se levanta a la mañana siguiente, la cámara toma una espaciosa recámara, toma a Bit, la esposa de Manuel, dormida sobre su costado izquierdo, se pone su dispositivo auricular, prepara un desayuno ligero, baja a la cochera por una escalera de caracol de moderno diseño, sube a su auto, y sale con rumbo a su oficina, se ve a su esposa observándolo desde la ventana.

Avanza por la avenida con camellón que lo lleva a Avenida Vallarta, se detiene sin saber porqué y dos segundos después sale un pequeño niño de entre los coches, después de frenar el auto bruscamente, Manuel observa por el retrovisor, hay dos autos detrás de él, que alcanzan a parar apuradamente, la mamá corre tras el niño, muy asustada, ve a Manuel con una expresión que va de la sorpresa al agradecimiento, un ligero toquido de claxon hace reaccionar a Manuel que tarda en avanzar, continúa con la imagen del pequeño niño cruzando repentinamente la calle, corriendo a toda la velocidad que su escasa edad le permitía, una premonición mecánica lo había salvado, otras veces podía ver flashazos de lo que iba a pasar, pero en esta ocasión, la premonición fué automática, frenó el auto sin tener conciencia de lo que iba a pasar, se quedó con la imagen de la madre que angustiada y un poco desquiciada, abraza al niño que tiene en sus brazos. Manuel avanza y continúa su camino a la oficina.

Llega a una esquina de Avenida México, ve el puesto de jugos, a un lado del expendio de revistas y periódicos enfrente a la parada de autobús, había estado ahí unas horas antes. Le llevaban a doña Mari en taxi las naranjas, el atole y los tamales para el puesto, quien bajaba las cosas de la pequeña camioneta Nissan de modelo atrasado; la fuerza de Doña Mari, junto con su pericia para descargar las mismas cosas durante tantos años, hacían ver a su delgada sobrina como un alfeñique inútil con carácter de ayuda prescencial, haciéndose a un lado continuamente para no estorbar.

Manuel llega a su oficina, ve unos papeles arriba de su escritorio, son unas oficinas grandes, ―Lupita, háblele a la contadora por favor―, llega dos minutos después, cuando ya se está tomando una tasa de café; ―contadora, ¿ya revisó el estado de resultados? ―, ―sí contador―, ―no están bien, déle una revisada―, le dice desviando la mirada y extendiéndole los documentos, la contadora se aleja extrañada, poco después le llama Manuel por teléfono, le hace un comentario sobre una cuenta de resultados que no se ha afectado, en eso se ve que ella levanta un fólder grueso con una póliza que estaba afuera, en donde se ve “cuenta 505-001-002 Devoluciones sobre ventas”. La cámara toma a la contadora examinando los documentos y haciendo las correcciones.

Llama a su sobrino, ―¿que pasa en la sucursal de Monterrey?―, ―¿que pasa de qué?―, lo miró nervioso, ―no se, tú dime―, ―¿a que te refieres tío?―, ―tú dime―, ―¿quien te vino con el chisme?―, ―nadie, dime ¿que podemos hacer?―, ―¿de qué? ―, ―no te hagas güey―, el sobrino esquivó la mirada, ―bueno, dame chance de devolver el dinero, pero no le digas nada a mi mamá, ¿O.K.?―. ―Saca tus cosas de aquí, limpia tu oficina y comunícate a personal―.

Se alejó el sobrino desconcertado, Lupita observaba impávida….

Manuel se echó para atrás en su sillón, mirando la ciudad de Guadalajara, se ven las imágenes del niño pasando cuando él ya había detenido el coche, la cara de la mamá, luego la cara del sobrino recién despedido, suena el teléfono, es la secretaria, se oye que le pide permiso para retirarse, le dice ―sí: Lupita, me felicita a sus papás…―, ―perdón contador, muchas gracias, pero, ¿cómo supo lo de mis papás?, hoy cumplen cuarenta años de casados…―, ―me lo ha de ver dicho, si no, ¿cómo voy a saberlo? ―, se volvió a echar para atrás en su sillón y se quedó dormido.

Después de unos minutos, se desdobla y se ve a sí mismo, volteando hacia el ventanal, no aguanta el impulso y decide salir volando, siente frío, sigue volando, se pasea despacio y se deja llevar; sin saber cómo, llega a una casa grande, con grandes arcos de cantera, en Avenida Américas, y se detiene, llega al suelo, la cámara hace un close up, se le nota con actitud conformista, sin saber porqué, estaba bajando a esa casa.

De la casa, con fachada a sólo un metro de la calle, de un sólo piso, pero de dimensiones mas extensas de lo común, aún para esa colonia, se abre una enorme puerta de encino y sale un tipo como de 38 años, vestido con sobrio traje gris y corbata roja, lo saluda por su nombre y lo invita a pasar, Manuel acepta, la casa es ordenada, limpia, con una espaciosa recepción, pasa a una sala, que mas que sala, parece comedor, muy apropiada para tomar café. Chema, quien le abrió la puerta, le muestra parte de la casa, Manuel camina fascinado, observando el señorío y buen gusto reflejado en los espacios amplios y mas que suficientes para los muebles que los ocupaban, sin dar en ningún momento la sensación de desperdicio en los espacios. Con calma Chema le enseña toda la casa, respondiendo a las preguntas que Manuel le vá haciendo, al terminar lo mira con calma, como si no tuviera nada que hacer en los próximos años, en forma cortés señala la puerta, dando por terminada la visita, con la sensación de que se quedan cosas sin aclarar, Manuel se despide. Al salir se le queda viendo a la construcción, ve el número, ve la calle, unas estatuas de perros pointer adornan las cornisas, se despierta en su sillón, todo ha transcurrido en un instante, a pesar de que su vuelo había durado más de una hora, en tiempo convencional.

Capítulo 2[editar]

Vibra su celular, tiene cita con su hija en un café de Puerta de Hierro, llega, la cámara los enfoca platicando amenamente, se acerca hasta que se empieza a oír su conversación.

Manuel le platica de lo que le ha pasado últimamente con sus viajes, ella, aún cuando le presta atención, lo toma a chanza, le platica de sus problemas matrimoniales.

Rebeca le aconseja ir a la casa, buscarla, Manuel le dice que ya la buscó y que no hay nada en donde debería estar, ―a ver, ándale vamos, está aquí cerca, no nos tardamos―. Se animan y van a buscar la casa.

Cuando llegan a donde debería estar la casa, Manuel le dice, ―aquí es―, es una casa muy grande, no se puede perder, es el número 65, se ve la casa que con el número 63 y la casa siguiente está en la otra cuadra, se adelantan con el coche y ven que es el 67, ―te digo que me fijé bien―, Rebeca se baja del coche, ―bueno, ya deja buscar el famoso 65, que bueno que no es 66, ¿eh?, si fuera, ni lo buscaba―, dijo sonriendo, subieron al coche y se detuvieron en la farmacia.

Manuel se recarga en el asiento del coche, se queda dormido, se desdobla y flota hasta la casa, que ahora sí está, hace sonar la aldaba sobre la puerta, le abre Chema sin invitarlo a pasar, Manuel se queda esperando, hasta que Chema le dice que si quiere pasar otra vez ya tendría que venir todos los jueves, que así funcionaba, le dice, ―nos juntamos un grupo de personas, todos los jueves, como hoy―, ―bueno, me gustaría conocerlas―, ―el problema es que si tu decides venir, tienes que venir todos los jueves―, ―bueno, está bien, cuanto, ¿un año?, ¿un mes?―, ―no, todos los jueves―,, ―¿se refiere a todos los meses? ―, cambiando involuntariamente a hablarle de usted a Chema, ―sí, todos―, ―y ¿qué pasa si yo no quiero venir algún jueves?―, ―no Manuel, créeme que, si tu decides venir, vas a venir todos los jueves, es una cosa que tienes que decidir, pero una vez decidido, ya no hay marcha atrás―, ―oye, y esto no tiene que ver nada con el diablo, ni con cosas así, ¿verdad? ―, ―no, no, para nada―, dijo Chema sonriendo, ―digamos que esto es un canal independiente―, ―piénsalo Manuel, cuando te decidas aquí estamos―…, le dijo casi cortante, amablemente cerró la puerta, Manuel se fue caminando hacia el coche, alcanzó a ver que Rebeca ya estaba tocando la ventanilla del coche donde él estaba dormido, en eso se despertó…, como siempre que despertaba después de un viaje, con frío; ―papá, asustas―, ―ven Rebe, acompáñame, se fueron caminando al lugar de la casa y no encontraron nada, la misma barda con enredaderas saliendo por la parte de arriba, ―aquí estaba, o aquí está, como quieras verlo―, ―papá, quiero verlo, mas bien quiero verla, pero aquí no está, bueno, está en cierta forma―, ―papá, está o no está, no hay puntos medios―, ―hija mía, puede que no haya puntos medios, pero puede haber puntos paralelos―, Rebeca se quedo callada unos momentos, ―ya ¿eh?, papá, ya estuvo bueno, ya hasta te estoy creyendo―,

Capítulo 3[editar]

Llegó el jueves, eran las tres de la mañana, se desdobló, y salió con toda calma a volar por la ciudad, veía a los desvelados en la González Gallo, a los que empezaban a trabajar en las fábricas, los camiones que iban llegando y se estacionaban en doble fila, y por supuesto, veía, después de volar en círculos, la casa, la casa de Avenida Américas, se veía la ventana iluminada desde dentro por una luz tenue, que provenía de una lámpara de mesa, esta se quedaba prendida toda la noche, la cámara le toma la cara denotando mucha curiosidad, daba una vuelta tras otra, como cuando un muchacho pasa por la casa de la muchacha bonita sin animarse a tocar la puerta, para distraerse se va volando hasta Puerto Vallarta, se eleva lo suficiente, para poder viajar siguiendo la carretera, la velocidad no importa, el frío que siente es el normal de sus viajes, no tiene que ver nada con la altura a la que viaja, recorre la costera, sigue la costa bien delineada por la línea luminosa de la espuma al romper en la arena, regresa a su casa con calma, su perro siente su presencia, empieza a ladrar, la cámara toma la cara del perro y se ve como si estuviera ciego, no enfoca la mirada, despierta Manuel, siguen siendo las tres de la mañana..


―Contador, ya chequé, efectivamente faltaban las notas de crédito de las devoluciones, pero ¿cómo supo luego luego?―, ―no fue tan luego luego, si se acuerda hice una pequeña operación en la calculadora, mire, tengo meses tratando de elevar unos puntos el porcentaje de utilidad sobre las ventas, si de un mes a otro cambia cinco por ciento sin ninguna razón, es que falta algo por contabilizar…―, la cámara toma a la contadora con cara de: ― …bueno, tiene lógica….―, Lupita observaba….


Entra Rebe a su oficina, le avisa antes su secretaria, ―¿queobo, que haces aquí?―, ―pasaba, oye, invítame un cafecito, ¿qué has resuelto?, ¿vas a aceptar la invitación de tu cuate “Chema”?―, ―pues estoy en esas, la verdad no sé, pero no creo que pueda quedarme con la tentación, lo curioso es que, la verdad, no tengo la gran curiosidad, podría estar con la duda por unos años, fíjate, que lo que me gana es la curiosidad por conocer gente que le pase lo mismo que a mí, es como en el golf, pero sin perder tanto tiempo―, ―bueno, eso sí es buen argumento, ahora la que ya le urge que les digas que sí es a mi, yo me muero de curiosidad, ¿de qué platicarán?, ¿quiénes son?, ¿para qué se juntan?, ha de ser padre…―

―¿Cómo va lo de tu marido? ―, ―maal, ahora le ha dado por quedarse en la casa viendo películas, que para practicar su inglés, lo malo es que se sale en las noches, por lo menos con sus amigotes borrachos buenos para nada, lo que me chooca es que no haga nada, ni para bien, ni para mal, ahora dice que va a escribir un libro, ya me imagino el libro, “el sofá”, o “como aprovechar las oportunidades sin salir a trabajar”―, Manuel la volteó a ver con cara de ― “no están mal los títulos…”―, ―papá, ya se lo que estás pensando, sé que te cae bien, se me hace que tú lo entiendes mejor que yo, ya no lo aguanto, bueno, siquiera le gusta jugar con mi´jo―, Rebeca, así hay gente, que quieres, tu sabías que era así, desenfadado, despreocupado, era lo que te caía bien de él, y ahora por eso mismo ya no lo aguantas― ay papá, que quieres, uno cuando se casa anda en la loca, no sabes ni lo que quieres― hija mía, ahorita tampoco lo sabes―, ―tienes razón, hay veces que no sé ni para que me levanto, si no fuera por mi´jo, bueno, la verdad sí sé, me salgo para desaburrirme, en fin, sólo venía a saludarte, ¿vas a jugar el sábado?, yo voy con “tus” amigas, es impresionante, me estas quitando mi vida padre mío, ya me caen gordas todas y a ti te caen de maravilla y tú a ellas. Te deberías de venir a vivir mi vida, yo fácil me cambiaría―, Manuel se le queda viendo, ―ya se papá, ¿que crees que no me doy cuenta?, ya no me aguanto ni yo misma, me voy a meter a una maestría o a aprender algo, clases de pintura, algo, ¿sabes?, lo más interesante que tengo en mi vida en este momento es tu patoaventura voladora, hazme el favor. Ya me voy papi, si quieres puedes invitarme a comer el jueves o cuando quieras, estoy libre los próximos veinte años―.

Antes de cruzar la puerta voltea y cambiando el tono de voz le dice a Manuel: ―Me caes bien porque nunca me has hecho caso, ahora lo voy descubriendo, mis amigas me ponen toda la atención, y me hago unas bolas tremendas porque ya ni me acuerdo que mentiras les dije la última vez, en serio, es lo que me faltó en la vida, pelearme con mis papás, tener una niñez feliz me ha causado un gran problema toda mi vida, a como están las cosas, he sido una niña totalmente desadaptada, mis amigas con sus padres divorciados, o alcohólicos, están perfectamente adaptadas al medio, claro, porque el medio está así, eso es lo que tengo, una desequilibrante infancia feliz, yo no se porqué todo se acaba, porque tienes que casarte, trabajar, bueno, las que trabajan, ¿sabes qué?, eso es lo que voy a hacer, voy a trabajar…―, Manuel la seguía viendo ―después de todo soy abogada, me voy a meter a un despacho bonito, de esos con cuatro apellidos en letras doradas, o ya sé, mejor voy a poner una agencia de viajes astrales, imagínate, la buena onda, cualquier parte del mundo por sólo doscientos dólares…, papi , sólo dime como le haces y nos volvemos ricos….―

Capítulo 4[editar]

Llega de nuevo el jueves, no pasa nada, otro jueves, tampoco, empieza a estudiar, un baño de agua salada dicen que ayuda, dormir solo también ayuda. Después de dos jueves, da resultado, se despega nuevamente, busca el camino que ya sabe que lo llevará a la casa de Avenida Américas, lo encuentra y se relaja, se deja llevar― llega, sin pensarlo mucho toca la puerta, sale Chema, y se le queda viendo con amabilidad, pero en silencio, ―Está bien, estoy ya listo para venir todos los jueves―, ―no, Manuel, no te noto seguro, piénsalo otra vez, la próxima vez ya hablaremos…―

Llega el jueves nuevamente, se va una comida con sus amigos al restaurante argentino, se queda dormido en la silla afuera de los baños, llega de vuelta a la casa, de nuevo Chema lo rechaza.

En toda la semana no piensa en otra cosa que en ir a la “casa de los sueños” por fin, el jueves toma un baño de agua salada antes de dormir, sólo llegar a la cama, empieza el viaje, toma la ruta y llega fácilmente, Chema le pregunta ¿quieres entrar?, afirma con la cabeza, Chema se hace a un lado para dejarlo pasar, lo acompaña hasta el comedor/sala, ahí lo reciben aparte de Chema, Don Lupe, Luis y Gago.

La cámara enfoca a cada uno de los asistentes en amena y serena plática, don Lupe, setenta años, de buena salud, alto, escaso de pelo, tez blanca, vistiendo un traje color gris oscuro con rayas blancas apenas perceptibles a la vista, chaleco de cashmeere gris, mangas de camisa de un color blanquísimo, gemelos de oro con una insignia familiar.

Gago, anciano de carácter retraído y desconfiado, traje verde oscuro, señalando dos o tres puestas sin llevar a la tintorería, de estatura mediana, que con la edad se ha hecho mas bien baja, bigote bien recortado y lentes redondos de corte antiguo.

Luís, cincuenta y pocos años, también escaso de pelo, uno ochenta y cinco de estatura, traje gris y corbata roja de rombos, zapatos de buena calidad aunque visiblemente usados, lentes de alta graduación.

La cámara enfoca a don Lupe, que le da la bienvenida a Manuel y le empieza a decir en forma amable, leyendo una tarjeta de color amarillo, después de asuntos muy generales, ―estimado Manuel: …A nosotros no nos vas a encontrar nunca en tu vida, del mismo modo que no vas a encontrar la casa estando despierto, la cámara toma un acercamiento de Manuel donde se le ve moviendo la cabeza afirmando lo dicho―.

―No importa a que hora se duerman todos, llegan a la misma hora, a las 20:30. No es necesario un sueño prolongado, una mínima pérdida de conciencia bastará para llevarlos a la casa de los sueños―.

―El sobre que tienes ante ti, contiene un papel con el mes y el año en que te vas a morir, en que cambias de centro de dependencia, para ser más claros, lo puedes abrir o no, esa es decisión tuya―.

Manuel se queda viendo al sobre, ―adentro está escrita la fecha en que me voy a morir, piensa, ¿cuánto puedo durar vivo?, a lo mejor me muero mañana, a lo mejor en diez o veinte o treinta años, pero ¡me voy a morir!, ¡está en el sobre la fecha en que me voy a morir! ―.

Las voces de los demás parecen se oyen solo como fondo ininteligible, hasta que un ―¡Manuel…!―, lo vuelve a la conversación.

―… tienes que tomar en cuenta que tu eres quien decide si lo abres o no…―, los demás observaban en silencio.

― Una cosa mas, el tiempo que pasamos aquí no transcurre para ustedes, ustedes se desdoblan a las nueve y llegan a las mismas nueve, por decir algo. ―

En ese momento a todo le pareció a Manuel totalmente intrascendental. Después de lo del sobre, las cosas, las personas tenían muy poco sentido. Eran innumerables las cosas que pasaban por su cabeza en ese momento.

Capítulo 5[editar]

Manuel no puede dormir esa noche, tiene la imagen fija en su mente de el sobre delante suyo con su nombre, resuenan las palabras de don Lupe: contiene un papel con el mes y el año en que te vas a morir…

Se ve la escena en el restaurante: ¿como te fue…?, Manuel le contó,,, Oye, eso está de lo mas wie, ¿como crees?, le cuentas algo a alguien que no vas a ver en tu vida real, te acuerdas de todo, tienes un sobre en que está la fecha en que te vas a morir… y no solamente eso, sino que es un grupo de ¿alguien´s?, bromea, incluso podrías decir la verdad…., ¿que mas da?, hija mía, no se en que momento de tu vida te entraron esas ideas, pero te va a costar mucho ser feliz, es mas, ni siquiera te vas a dar cuenta con tantas burbujas en la cabeza…, a ver, la casa, para efectos prácticos no existe, tus amigos tampoco, no existe tampoco el tiempo que transcurre, oye, que maravilla, ¿no podrá ser que te vayas a vivir allá y así nunca mueres?, ¿no será algo así el cielo?, o el nirvana o lo que quieras…, pues lo he pensado no te creas, podría ser un sueño, pero es tan real y tan preciso, que como tu dices, para efectos prácticos es lo mismo si es real o no, después de todo, no sabemos si somos reales,,, imagino, luego existo, dijo riendo Rebe…, hija mía…, en el fondo eres buena, pero en el fondo, la cámara enfoca a Manuel mostrando un gesto inquisitivo,,, ay papá, es que las buenas me caen tan gordas, la verdad prefiero ser mala, como Mae West, si pudiera lo sería, pero no puedo, en fin, aunque tengo mis cosas, no te creas que soy tan buena, respondiendo al gesto de Manuel…

¿Tu marido?, anda inventando cosas, ya lo conoces, ahora está en que se va a meter a la política, ya no sabe ni que hacer….

Oye, ¿en tu club no admiten mujeres?,,, cambiando deliberadamente el tema, pues ahora que lo preguntas, no lo se, yo creo que no, puesto que no hay ninguna, ni muestras de que haya habido…, que lástima, me cae que yo sí le entraría, eso se está poniendo bueno, por supuesto yo sí abriría mi sobre, de una vez, imagínate como dejaría mis tarjetas de crédito para cuando me fuera a morir, hasta el tope…

¿Y tu marido?, solo piensas en ti,,, tienes razón, si no fuera por mi hijo, quien sabe que andaría haciendo ahorita…, en fin, que le vamos a hacer….

Lupita, ¿que pendientes hay?, llámele al contador y al ingeniero de sistemas…, ¿no hay nada para la tarde?, no, no voy a estar,,,,

Se mete a internet, viajes astrales, y otras cosas por el estilo. Le llama a su hija, oye, ¿que vas a hacer en la tarde?, tengo que llevar a tu nieto a natación, pero lo puede llevar Samuel, que necesitas?, nada, ¿no tienes ganas de pasear por Chapultepec?, papá, te está fallando ya muy feo ¿eh?, en fin, no te puedo decir que no, ¿paso por ti a la oficina?,,, A las 3 está bien, por ahí comemos….

Voy a abrir el sobre, no puedo estar tranquilo, no puedo dejar de pensar en eso, has de cuenta, saber que te vas a morir… no importa si es en un año o treinta, eso es lo de menos, el hecho de que esté ahí, en un papel, una fecha determinada, la que sea, me saca tremendamente de onda, ¿que voy a hacer?, si hubiera sabido ni me meto,,, muy tarde,,, pues sí, la verdad, te soy sincero, pensé que no me iba a morir, o no se que pensaba, ahora todo lo veo distinto, me veo finito, veo a todos como velas que se están extinguiendo, yo contaba con que todos viviríamos para siempre, bueno, por lo menos tanto que no se notara, es que imagínate, que sean veinte años, bastante normal, ¿que son veinte años?..., nada, podría vender todo y dedicarme a pasear, ¿ya para que trabajo?,

¿Quién me lo va a agradecer?,,, ey ey ey, yo mera, tu hija, tu no sabes la de tiendas que no conozco,,, a tu mamá no le interesa, ahora, si tu hijo sale músico, ¿que hago?, y en todo caso, mi preocupación pasa a ser ¿a quien le dejo todo? No se me hace vida andarme preocupando por algo tan superficial como : ¿a quien le dejo mis cosas?, por una parte que bueno que me pasó esto, si no me hubiera dado cuenta y me hubiera muerto sin decir ni pío…,,

Capítulo 6[editar]

La cámara lo toma dormido junto a su esposa, se desdobla y llega a través de un tubo azul transparente, que empieza en un círculo envolvente, que se proyectaba hasta la casa de Avenida Américas, no tiene control sobre el vuelo, llega y entra, sólo ve a Don Lupe y a Chema: ― Pasa Manuel, pasa, estás un poco antes para decirte ciertas cosas, para que te vayas ambientando, por lo menos en el lenguaje, son cosas que tal vez te parezcan raras, tal vez algunas las encuentres lógicas, son cosas generales de este “otro mundo” en el que estamos, digámoslo así. Habrás observado que cuando viajaste para acá, lo hiciste por una especie de tubo, bueno, lo que viaja, tu parte viajera, está compuesta también de tubos, de distinto tipo, color, luminosidad, etc., quisiera decirte algunas cosas generales sobre estos tubos…―.

Mientras Don Lupe habla, la imagen empieza a transformarse y muestra una ivi, una especie de medusa, con múltiples tubos, especie de cabellos, muchos de ellos como fibras ópticas con destellos en su punta, otros tubos sólidos, Don Lupe le explica los distintos tipos de tubos, le dice: ―para viajar, se convierte a su vez en un tipo de tubo, de la forma en que estén alineados los tubos, depende mucho la capacidad que va a tener para viajar. Para un buen viajero, lo mejor es tener los tubos dispuestos de tal forma que se acomoden bien al convertirse en tubo, en un cilindro, mejor dicho, al mantenerse estático tiene una forma difusa, porque no se alcanzan a ver todos los tipos de tubos, por ser emisores de distinto tipo de luz. ―continúa Don Lupe― sólo se alcanza a percibir como es en realidad cuando está viajando, su naturaleza es estar viajando, no estar estático. Cuando está estático está fuera de su ambiente, por las causas que sea, en estos viajes hay elementos negativos, unos ligeros y otros fuertes y hay unos densos, muy densos, esos entes tienen una naturaleza distinta, poco conocida por lo distinta, pero es un hecho que debemos cuidarnos, cuando tu viajas aquí, lo haces a través de un tubo protegido, no vas a tener ningún problema, pero, algunas veces tendrás oportunidad de volar solo, tienes que cuidarte, es placentero, pero es muy peligroso, pues viajas casi sin defensas, pueden atacarte fácilmente y te llevarías, por lo menos, experiencias desagradables, muy, desagradables, aparte de que te causaría todo tipo de confusiones, pues podrías cambiarte de una dimensión a otra sin darte cuenta, que son los momentos mas peligrosos, entre paréntesis, y verías cosas que no son realidad en tu dimensión, mostradas tan claramente que te podrían causar cualquier tipo de impresiones, lo que alteraría digamos, la salud de tu conciencia, hay muchos tipos de protección, todas las religiones te hablan de ellas, la mayoría en forma de “mantos”, que es la figura mas cercana a esa protección cósmica de la que ahora te hablo, tu tienes una especie de conciencia cósmica superior al promedio, hay quienes tienen mas, otros menos, todos tenemos, pero los que estamos aquí, en cierta forma nos “alcanza” para darnos cuenta―.

―Ahora bien, para viajar, tu “ente viajero”, que llamamos “ivi”, tiene ciertas características que la hacen mas adecuada para viajar, y que, por lo tanto, la hacen mas bella, esa ivi, está compuesta a su vez por tubos, estos tubos son de distinta naturaleza, pueden ser huecos o sólidos, los huecos son los “buena onda”, están continuamente sacando la energía de tu ivi, la energía no es mala ni buena en sí, pero tiene que estar circulando, si te quedas con ella, la ivi se vuelve pesada y difícil de manejar, los tubos sólidos atraen energía, y no sólo energía, sino también “polvo”, que, aunque también es energía, es de otra procedencia, no es fluido, por lo que es mas difícil de eliminar―.

―Digamos que este es un club en donde aprendemos a mejorar esta ivi, para que pueda viajar mejor―.

Mientras habla don Lupe las imágenes van regresando al cuarto cósmico.

Manuel pregunta, ―¿existe Dios?―, ―Sí, definitivamente, existe mucho mejor, si se pudiera decir, que cualquier cosa que tú creas que existe―, ―¿se refiere también al bien?―, ―claro, en distintos niveles, pero son la misma cosa―. ―¿Qué es el bien?―, ―hay muchas definiciones que te podrían sonar muy religiosas, no por eso falsas. Para nosotros, es el estado ideal para viajar, al mismo tiempo que el estado ideal a donde llegar, ese estar viajando estando estáticos o estar estáticos cuando viajamos, es nuestro bien, digamos que es la mejor forma de estar, que es al mismo tiempo, la mejor forma de viajar―.

―¿Cómo hacemos el bien?, ¿cuál es la mejor forma?. Solemos tener una visión muy chata de lo que es el bien, porque sólo lo conocemos a través de nuestras limitaciones, lo que no deja de ser pobre―.

―Si vieras el bien desde el otro punto de vista, desde tus potencias más altas, sin las limitaciones normales a que estamos acostumbrados, como son la pobreza, el hambre, la injusticia; si la vieras en un mundo más simple, en donde solo hay belleza en distintos grados, cambiaría tu percepción del bien―.


―Entonces, ¿el mal?―, ―ese es un tema harto complicado, como existe el bien, existe el mal, digamos que es una especie de equilibrio, entonces, en cierto sentido, también es bueno, lo malo del mal es eso, que es malo, en un sentido mucho mas profundo que el que estás acostumbrado a pensar―.


―¿Existe un orden final?, ―dentro de todo este mar de dimensiones hay una lucha real, tal vez sea la forma de estar en un orden final, de ahí, volveríamos a caer en el dualismo del movimiento estático del que hablábamos antes, algo así como que las cosas puedan ser y no ser al mismo tiempo, para alcanzar ese equilibrio final u orden final―.

―Entonces, ¿vale la pena portarse bien?―, ―tú estás acostumbrado te repito, a una dimensión de limitaciones, en esa dimensión limitada, muy limitada por una parte, un placer primario viene de la concupiscencia, y la concupiscencia viene del mal; en otro plano, superior digamos, el mal sólo es el mal, solo, y el bien es solo el bien, puro, todos asocian el mal con el sexo y dos o tres cosas sin mejor sentido…, y eso es porque eso es lo mas que tenemos, es lo mas que conocemos, el bien es mucho mas que no tener sexo con la secretaria, es mucho mas que no robarse dinero, es una forma de estar, al mismo tiempo que es una forma de ir a alguna parte―

―El canal en donde se dan las emociones de concupiscencia, es el mismo en que, en sentido contrario, viajan las emociones de transición, de trascendencia, como el amor a los hijos―.

―Estas emociones, que viajan en sentido contrario, son las que nos llevan a las acciones mas violentas de temperamento, y viajan en el mismo canal, otra vez, una especie de equilibrio―.

―Ese temperamento es en ciertas personas mas fuerte que en otras y se manifiesta por acciones mas heróicas que cotidianas, están dispuestos a hacer más por sus hijos que las personas de poco temperamento, pero también están más proclives a dejarse llevar por la concupiscencia, son ivis mas grandes, por lo mismo más difíciles de controlar―.

Pasaron momentos en silencio

Llegaron los otros, la cámara toma escenas de ellos platicando divertidamente, pero con calma.


Hablan de futbol, Luis bromea sobre el resultado del domingo pasado, ―bueno, parece que otra vez el América volvió a comer cabrito―, ―¿a que te refieres?, el América perdió, ¡dos a uno!―, respondió Manuel. ―Yo vi el partido, ganó el América dos a cero―, ―pues verías otro partido, y eso que fallaron ese pénalty que nunca existió―, ―¿lo fallaron?, ¿qué te pasa?, fue gol, ¡pegó en el poste y se metió…!―, ―pues verías otro partido…―. Don Lupe intervino: ―efectivamente, lo que pasa es que vio un partido distinto al que tu viste, le dijo a Manuel, cada quien lo vio en su dimensión, son dos dimensiones parecidas, tienen muchos elementos comunes, pero no son iguales. Algo que pasó en tu dimensión hizo que los acontecimientos tomaran otro camino. No sería extraño que para alguien mas con quien estuviéramos platicando ni siquiera se hubiera jugado ese juego. Las dimensiones giran, en algunas cosas, al girar, coinciden con otras dimensiones. No hay una sola realidad, es una especie de juego magnético, al final de cuentas somos solo energía; esto lo pueden ver en el microcosmos, hay protones que cambian el sentido de su giro sin ninguna explicación aparente, de la misma forma, hay planetas que cambian su rotación. Esto no se podría explicar de no ser por un cambio de dimensión, cambia la dimensión, pero el observador sigue siendo el mismo, eso pasa muy seguido.

Capítulo 7[editar]

Llegan todos al vestíbulo, entran al comedor/sala, don Lupe, serio, escucha.

Gago siente miedo porque cree que su ivi no está preparada para el viaje y no sabe que hacer, su esposa está enferma, no saben quien morirá antes, él está hospitalizado, los descendientes se pelean por la herencia, no los quieren dejar morir, el que muera al último se queda con la mayor parte, todo lo que le queda es repartir el dinero, pero ya no lo dejan los parientes de la esposa.

Gago se queja que nadie lo quiere, sus nietos hacen burla de él, nadie se preocupa, sólo quieren que sobreviva lo suficiente.

Don Lupe habla: ―es común que las personas apegadas a su dinero sean longevas, son comunes los viejos avaros, no porque los viejos se vuelvan avaros, sino porque los avaros son viejos desde muy jóvenes y les cuesta dejar este mundo despegándose de su dinero―.

―Debemos dejar el menor número de hilos sueltos posibles, todas las acciones no terminadas, producto de negligencia o consecuencia de alguna acción básica de traición, debe tratar de sanarse, para que tenga las menos consecuencias posibles, eso crea una serie de desacomodos en nuestra ivi, que la van a hacer viajar en una forma muy inestable y expuesta, al dejar este cuerpo van a buscar otro centro de dependencia, que puede tener o no una correspondencia física en otra dimensión―.

―Con una acción pendiente dejamos en nuestra ivi un tubo largo, sólido, sin luz, capaz sólo de recibir energía, tanto más largo sea, es más peligroso, puesto que de ahí nos pueden jalar, si tenemos muchos tubos largos y sueltos nos convertimos en una madeja muy fácil de sujetar, muy difícil de pasar por los tubos protegidos, una acción básica de traición puede engendrar multitud de hilos sólidos, con consecuencias cada vez mas difíciles de controlar, puede crear nudos en hilos que estaban sanos, y muchas de esas consecuencias están ya dentro de nuestro ivi, sólo que no nos damos cuenta porque todavía no brotan, pero podemos sentir su efecto de pesadez― .

―Hay que hacer, y dejar de hacer para que no complique, no es una situación que se pueda arreglar con un acto heróico de nuestra parte, sólo podemos hacer que quede menos mal, y eso es hacer mucho―.

La cámara toma la cara de cada uno de los presentes, en especial la de Luis, antes, en el vestíbulo, muy dicharachero, ahora ya serio.

Don Lupe da un manazo leve en la mesa, con el que Manuel se despierta, justo a las 3 de la mañana.

Capítulo 8[editar]

―Hija mía― , ―¿cómo estas papá?, te noto cambiado, más serio, me gustabas mas antes, ahora me recuerdas cuando estaba en la primaria―,

― Hija mía, no se porqué, nunca me lo has dicho, pero tu vida ha sido un desastre, desde que yo me acuerdo, pensé que cambiarías, pero no ha sido así, y la verdad, no te veo muy feliz, lo que es peor, no veo como puedas ser feliz―, ―papá, ¿me estás regañando?, además, ¿quién te dijo que quiero estar feliz?―, así estoy bien, ―¿tiene algo que ver con tus ondas de los jueves, verdad?―, ―mejor cuéntame, ándale, ¿cómo han estado tus juntas? ―, dijo entrecomillándolas con los dedos y riéndose. ―Rebeca, hazme caso―, ―papá, si te hago caso, acabamos con nuestra relación, tan bonito que nos estamos llevando, mira, ni yo misma sé qué onda conmigo, ahora, que tú me digas algo, o ya lo sé, con lo cual no es necesario que me lo digas, o si no lo sé, no me gusta que me lo digan, de cualquier forma, papá, ya pasó tu época para educarme, además, tu siempre me has dicho que ese carácter lo heredé de tu familia, no sé de que parte de tu familia, aunque lo imagino, je, je…, así es que mejor pregúntate a ti mismo que me está pasando, y sea lo que sea, por favor no me lo digas, de momento no estoy interesada, dijo sonriendo…―.

Bueno, está bien, cambiemos de tema, ¿quieres que te cuente lo de los tubos cósmicos?, órale, ya estás….

Capítulo 9[editar]

Don Lupe: ―hay daños colectivos, afectando lo que ahora se llamaría conciencia colectiva, sería un daño que se le hace a cada una de las ivis, esto por los que preguntaban si se podía afectar una ivi, aun sin su conocimiento, la respuesta es sí, y una afectación seria, los tubos que normalmente serían luminosos se vuelven mas opacos, incluso pueden llegar a perder su capacidad de extraer luz, quedándose como tubos sólidos, que requieren de energía. Una desilusión lo menos que causa es apatía, que es una clara forma de indiferencia social, con la afectación individual a sus tubos―.

―Una de las mejores cosas de este club, si no la principal, es darnos cuenta de que podemos hacer algo para cambiar nuestra ivi, tanto para desarrollar nuevos tubos huecos como para eliminar los nudos que pudieran tener, así como para hacer que los tubos largos se encojan para que no nos estorben para nuestros viajes―.

―Cuando hablo de tubos huecos no quiere decir estrictamente que no tengan nada adentro. Sería mas propio decir que la naturaleza de la materia del tubo en ese momento le permite transportar energía sin que salga de sus paredes, interiormente, digamos. Un tubo sólido es un tubo que no tiene esa capacidad―.

Capítulo 10[editar]

―Padre mío―, le dijo mirándolo como se mira a un niño chiquito que ha hecho una travesura― ¿qué?―, ―como ¿qué?, ¿ya viste lo que estas haciendo con tus cosas?, mi mamá anda toda descontrolada, ella hacía que no la querías, ya se había conformado, ahora dice que ya se enoja de vuelta porque no llegaste a cenar ayer, porque te preparó tus enchiladas, porque te preparó la mesa; por supuesto está furiosa, la entiendo perfectamente. Debes de ser serio, cuando eres frío y sangrón debes de ser congruente y consecuente, no puedes cambiar así como así, y menos de repente…―

Capítulo 11[editar]

Don Lupe empieza a hablar,

―Pudiera existir alguna duda en cuanto a la exactitud de la fecha del sobre, déjenme decirles algo, esa fecha es la fecha en la que está programado el tubo, digamos, para su vuelo a otro centro de dependencia―.

―Pero no podemos prever nada si a ustedes se les ocurre tomar un viaje por su cuenta, y si en el viaje les va mal, pues ahí no podemos hacer nada, de alguna forma, lo que podemos decir es que aquí no van a salir inmediatamente, por algo físico, por más que les pase, se quedan ligados a sus ivis, y en caso extremo, su ivi no puede viajar hasta esa fecha―.

Manuel pensó, ―¿de ahí los fantasmas? ―

Don Lupe siguió, ―no es frecuente que se queden sin su viaje, si después de abandonar su cuerpo las ivis, por alguna cuestión en especial se quedan, o simplemente no saben como llegar al tubo, o no les interesa regresar hasta que no se arregle algo o simplemente están esperando a alguien, la ivi se puede quedar en este centro de dependencia, aún sin estar ligada al cuerpo que la contenía. Si se puede manifestar o no, depende de la fuerza de la ivi, no confundir con su energía, la fuerza es el temperamento, la energía es el peso, el temperamento está mas ligado a niveles pasados, la energía está mas relacionada con el nivel presente―.

―Si su ivi está muy deformada, con mucho desorden, puede complicarse el viaje, pues puede una fuerza aprovecharse de su ivi para sus propósitos, y luego la vacía, y llega la carga negra, por decirlo de alguna forma, que no es un tubo abierto, sino una especie de dona que gira hacia adentro, que no va a ninguna parte, muy muy oscuro y muy denso―.

―Sobra decir que aquellos que sientan que tienen desordenados los hilos de sus ivis, los traten de arreglar lo mas rápido que puedan, aunque aparentemente tengan tiempo, se puede complicar…―, Luis miraba con ojos mas que abiertos…

―No sólo es eliminar los pendientes, las ivis se hacen mas ligeras cuando damos nuestra energía, cuando la sacamos, en cierta forma iluminamos el rededor inmediato de nuestra ivi, y puede ser tan fuerte que proteja todos nuestros tubos sueltos, esa luz es muy fácil de perder y muy lenta para adquirir, y es frecuente que no venga sola, sino que viene con su dosis de confusión, sólo las ivis que están preparadas para ayudar pueden sentir que están haciendo lo correcto, hay ivis tan contaminadas que no ven la diferencia, y en vez de sacar su energía, se cargan mas de ella, haciéndose mas pesadas y opacas, es posible que pierdan el control y se desarrollen hilos sólidos sin ningún orden, a estas gentes se les nota el rostro confundido y triste, agachado y apagado, es muy fácil quedar atrapados entre la “maleza” del viaje, en donde luego son presa fácil de los puntos oscuros―.

―Hay tipos de tendencias, de conductas, de afectos, que dominan la conciencia afectiva y la voluntad de los individuos, y que afectan las ivis, su brillo; una de las cosas que menos perdonan los hijos es la infidelidad, sobre todo la de la mujer, y esto no es gratuito, la mujer es el canal por excelencia, una falla en el canal es energéticamente mucho mas grave que una falla en lo conducido, el hombre bien equilibrado es conductor y conducido, viajero a través del canal, la mujer es mucho mas conductora. La concupiscencia es la principal causa de extravíos de las ivis, no tanto por la acción negativa y oscura en sí, que también se nota en el semblante de las personas, una persona equilibrada tiene un brillo en su conducta, sino por sus consecuencias, esos hilos sueltos que producen, son causa y efecto de otros desórdenes. Hay situaciones que a muchos les parecen injustas, estos desórdenes tienen origen, la mayoría de las veces no en el individuo mismo, sino en los generadores físicos de la ivi, que casi siempre son los padres, eso lo veremos aparte, el caso es que esos desórdenes en los canales de los ivis, que pueden ser los desórdenes dominantes, de hecho no son responsabilidad de la ivi afectada, de ahí que, somos consecuencia de los efectos de una energía negativa desarrollada no una, sino varias causas anteriores. Esas energías, son difíciles de erradicar, hay un fenómeno curioso, como es tan difícil de luchar con esa concupiscencia cuando se está afectado por ese desorden heredado, el individuo tiende a desarrollar conductas heroicas con los hijos, como una especie de compensación, te repito, es el mismo canal―.

―Por otra parte están las ivis poco afectadas por la concupiscencia, en donde les es fácil unirlas a los canales del afecto y la serenidad de los sentimientos, paradójicamente, estas ivis están tan equilibradas que no desprenden energía hacia sus continuadores, sino que permanecen estáticas, casi impertubables ante los afectos de relación―.

―El canal por donde viajan esas emociones es el mismo, de tal forma que la luz que emanan y la que absorben causan frecuentemente conflictos con gran trascendencia―.

―Un alma puede estar muy equilibrada, pero carecer de brillo, porque no ha emanado la luz por miedo precisamente a desequilibrarse, entonces se vuelve una ivi de naturaleza estable pero opaca―.


―Existe un elemento desconcertante, todos sabemos de la influencia del pasado en el presente, lo que es desconcertante, pero lo podríamos entender si lo vemos desde la perspectiva de las dimensiones, es que el futuro también afecte al presente. Sé que es difícil de comprender, pero es cierto. Las dimensiones están interconectadas, y en ese tipo de conexiones, hay una que entrelaza los tiempos, de tal forma que el futuro, por extraño que parezca, afecta al presente. Hay un ejemplo que nos puede ayudar a explicar esto: cuando tú tiras a la diana con arco, puedes llegar a sentir si diste en el blanco o si erraste el tiro. Esto no es explicable, pero es verdadero a pesar de que la lógica nos indique un error de raciocinio, puesto que la flecha ya salió del arco y no hay forma de que se pueda sentir si dio en el blanco o no. Ahora bien, si tomamos el evento del tiro como un todo, eliminando la dimensión tiempo, podemos ver las cosas en forma distinta, el pasado, que es el despedir la flecha y el impacto de la flecha pasan a ser un mismo evento. Yendo un paso adelante, podemos imaginar que el impacto pudo incluso haber ocurrido antes que el lanzamiento de la flecha, de tal forma que la forma en que tomamos el arco ya haya estado influenciada por el hecho de que dimos en el blanco. De esta misma forma, nuestros actos presentes pueden estar influenciados por sus resultados―.

Capítulo 12[editar]

―Perdóname por dejarte con la cena, en serio, se me pasó―, ―sí ya se que se te pasó, siempre es lo mismo, no se que mosca te picó, pero ya no le muevas, mira, así, sin hablarnos estamos mejor, en cierta forma, así te quiero más, no es que te quiera mucho, te quiero más―, dijo sonriendo, como hacía mucho no lo hacía, ―¿sabes? después de todo no eres tan malo, sólo eres insoportable, y así, sin hablarnos no se te nota tanto, pero empezar de vuelta me cuesta mucho trabajo, en serio, ya estoy acostumbrada a que te hagas de cenar, veo mis programas de televisión, salgo con mis amigas, siento que hasta te quiero más de lo que mis amigas quieren a sus esposos, que andan con tantos arrumacos, sólo un favor, no le cambies, me podrías caer gordo. De veras, cuando platicamos en las reuniones eres simpático, inteligente, amable, hasta galante e interesante, claro, todo es quedarnos a solas te vuelves lo que eres, alguien que no se aguanta a sí mismo, pero yo te entiendo, debe de ser una carga terrible, por otra parte, no te apures por lo que te dije del divorcio, soy tan pendeja que me entraría el amor por ti, y eso ya me da mucha hueva, la verdad, mejor vamos a llevárnosla así, que le vamos a hacer, es nuestra forma de ser felices―.

Manuel se le quedó viendo, se acordó de aquellos tiempos en que siquiera peleaban, por lo menos había diálogo, recordó lo que don Lupe había dicho, un alma estable, pero sin luz, había que cambiar, volverlo una relación inestable, pero luminosa, al día siguiente le compró un hermoso brazalete de esmeraldas y se lo dejó en su cuarto con una botella medio servida de champaña, el resto se la sirvió en la sala, junto al televisor viendo el futbol americano de los lunes por la noche, ella salió con la copa, divertida dio un trago mientras miraba el brazalete, tiempo después le decía al oído, ―no lo eches todo a perder, ya no podría vivir dependiendo de ti, dijo mientras lo abrazaba―…


Gago se desdobló cuando estaba todo tranquilo, sólo estaba la enfermera dormida sobre su codo, recargada en el brazo del sofá verde, veía todo claramente, sabía que no era todavía hora del viaje, aunque sintió un gran deseo de salir por la ventana, donde se notaba un túnel y una presencia, se veía a sí mismo, lo pequeño que estaba, él que había sido alto. No se había dado cuenta de que estaba tan calvo, sus brazos tan delgados, ya era poca la diferencia con un muerto, cómo se le había ido la vida, su esposa estaba en el cuarto vecino, ella estaba inconsciente desde hace dos semanas, la sostenían con la esperanza de que él muriera antes, el que aguantara mas se quedaba con el dinero para sus parientes, se le quedó viendo, sus mejores años fueron los primeros y los últimos, ella le había aguantado todas sus infidelidades, al final era como un niño, su amor había crecido cuando se daban cuenta que se habían querido, y que sólo quedaban ellos, para cuidarse, para llegar hasta el final. Ahora que estaba inconsciente podía arreglar todos sus pendientes sin hacerla sufrir…


Luis conoce en el golf al director comercial de una cadena de autoservicios, le ofrece sus cajas fuertes, en el mismo foursome va el director de la una compañía que complementa los servicios de sus cajas, de inmediato se ve la posibilidad de hacer negocio juntos.

Luis vende la casa de Chapala, paga sus tarjetas, cubre un faltante de la hipoteca de la casa. Tiempo después llegó a su casa anunciando que ya la había vendido, su hija le reclamó; su hijo le reprendió groseramente.

Había llevado su coche al taller, tomó un taxi para recogerlo. Luis llega al taller del maestro Sandoval, tiene que pasar por el estrecho espacio que queda entre una columna cuadrada de cemento, en algún tiempo pintada de blanco y ahora impregnada por innumerables manchas de grasa y un coche en reparación, teniendo cuidado de no manchar sus zapatos con la grasa que está por todas partes en la tierra mezclada con aceite quemado, localiza al maestro mecánico después de responder éste con un chiflido al llamado de su ayudante, Luis avanza hasta ver que el señor Sandoval sale de la parte de abajo de su coche, sólo protegido de la suciedad del suelo por un cartón obtenido de una caja de filtros Gonher. ―¿Qué pasó jefe, ya ocupa su coche?, no crea que no le hemos dado, lo que pasa es que trai sus detallitos y no ha quedado como me gusta dejarlos, al mero tiro―, ―Maestro, me dijo que ya me arrancara por él, que con toda seguridad estaba a las doce del día, son las cinco de la tarde―, ―usted ve patroncito que no le hemos dejado de dar, no queda por uno―, ―maestro, me vine en taxi, ¿ahora que voy a hacer?―, ―¿para que se preocupa?, ya sabe que aquí tiene a su maestro que no lo deja morir solo, mire, llévese mi coche, ocúpelo el tiempo que quiera, anda de taxi, nada más que no le he renovado el permiso, pero está buenísimo―, ―no maestro, no la amuele―, ―lléveselo patroncito, me lo devuelve mañana, ¿o qué, le da pena? ―, dijo el maestro mientras le extendía un llavero con un caracol en acrílico traído de Mazatlán con una llave cuadrada, otra redonda para la cajuela y una más pequeña para el tanque de gasolina.

El hijo de Luis creía que ya había vendido su coche, ―bueno, ahora sí, dime como nos haces quedar con nuestros amigos, mejor vámonos a vivir a otra parte, de plano así no, sólo falta que no nos puedas pagar el Tec….―, la esposa le reprende por cancelarle las tarjetas de crédito, su hija por negarle dinero para ir a Houston con sus amigas. Hay una boda próxima, le reclaman el haber vendido la casa antes de la boda, ya tenían invitados.

Capítulo 13[editar]

―El empezar a poner orden es, en cierta forma, crear un desorden, ―dice Don Lupe― aún estando mal, ya está acomodado. Ese establishment expulsa a los intrusos, y el tratar de aplicar orden después de tanto tiempo, puede ser como una torta después de un ayuno de treinta días, ya tiene la atmósfera de la situación una corteza de protección, que rechaza cualquier novedad, tanto mas la rechaza cuanto mayores sean los cambios, el orden siempre es doloroso, el orden implica la pérdida de algo, el orden es discriminar, declarar no importante a algo, para hacer más relevante lo que queda―.

―Una ivi no se mejora con la simple intención, no es el mismo concepto de bueno y malo que tenemos nosotros, aunque se le parece mucho, hay que comprender que no tenemos la capacidad para juzgar a nivel cósmico, nuestra conciencia es como la versión gratuita del juicio cósmico, intuitivamente podemos creer que es bueno, pero obviamente, hay veces que actuamos creyendo que hicimos bien, cuando no, y viceversa; se que suena algo injusto, pero hay cosas que, aunque bien intencionadas, no son buenas. Esto tiene que ver con las estructuras de orden de segundo nivel, las de segundo con las de tercero y así, nosotros solo tenemos capacidad para conocer, y con errores, las de nuestro nivel―.

―Cada relación social tiene, digamos, una ivi particular, la relación de cada uno con otro, tiene su ivi, aunque no tenga todos los elementos de una ivi real, tiene muchos de sus efectos―.

―Esta ivi virtual deriva de las personas que están en esa relación, pero no sólo de las personas, sino de la energía que traiga cada uno de otros eventos, digamos, se forma de los hilos sueltos, cualquier espacio tiene hilos sueltos, por ejemplo, una riña deja multitud de ellos, se sienten en el ambiente, es por decirlo así, la contaminación de la ivi del ambiente―.

Capítulo 14[editar]

Gago siente pena por el sentimiento que tiene su hijo Gerardo, quien se muestra resentido, ya no lo atiende como antes, es parte del precio que se tiene que pagar. Reconoce a sus hijos, pero no puede dormir viendo a su hijo triste, siente miedo de su viaje, todo el dinero no le sirve de nada, es una sensación de tiempo desperdiciado. Platica con su hijo de cosas de menor importancia cuando llega el notario, deshereda a su esposa, todo se lo deja a sus hijos, los parientes de su esposa reclaman interdicción y se quieren llevar a su hermana, Gago se pone firme y los corre…

Luis va a la cochera a recoger unos papeles que se le olvidaron, ve el Galaxie, se sonríe,,

Tiene en la cochera, un sillón viejo, a un lado de los montones de periódico, ahí se va a leer el diario.

El hijo y la mamá hablan de poner un negocio, si su padre no les quiere dar dinero, entonces ellos lo obtendrán, dicen. El muchacho dejará la escuela temporalmente, y ella se pondrá a trabajar, ignoran al padre por completo, la hija quiere irse a vivir con sus amigas de Tepic que estudian en el tec.

Se oye llegar a su esposa: ―a ver cómo le haces, yo ya encargué el vestido para la boda y hay que pagarlo el martes―. ―No hay problema, lo pago en efectivo, ¿cuanto necesitas? ― Saca el dinero, su esposa se sorprende, y en silencio toma el efectivo. Se queda a descansar en su casa, le llega una llamada confirmando una nueva operación, se compra ropa, es un hombre distinto, sale a hacer ejercicio.

Capítulo 15[editar]

―Don Lupe dice― Cuando la ivi empieza a tomar una forma nueva, más esbelta, se vuelve mas ligera, esto puede causar a su vez que el individuo actúe de una forma extraña, el ivi le da mas impulso al cuerpo del habitual, y en cierto modo, le da más tiempo, tiempo real, tiempo y energía que es fácil usar para hacer cosas que luego pueden ser negativas, es una especie de compensación, sería normal que se sintieran con mas atractivo con el sexo opuesto, también es normal que se vuelvan mas intransigentes, precisamente con los que son como lo que ellos acaban de ser―.

―Los que se preparen para partir a otro centro de dependencia, deben prepararse para el viaje, deben someterse a una catarsis―.

―Cuando se externan las preocupaciones, los canales se limpian por adentro, se deshacen nudos. Algo importante es que ustedes no puedan dejar ir toda esa energía que queda como lastre. Después de cada obra poco afortunada, queda un lastre que no se elimina, con efectos que aparecen recurrentemente, esa energía no se puede eliminar, solo se puede compensar―.

Entonces, pregunta Manuel, ―¿entre menos peso tenga la ivi, mejor? ―

―Como muchas cosas, cierta energía es necesaria, sólo un poco de energía, pues sin ella no puede existir; el exceso de energía es el perjudicial, como muchas cosas aquí, la comida, el sueño, el dinero. Se necesitan, pero una vez pasado ese nivel, mínimo, todo lo demás se vuelve pesado y ominoso―.

―También suele pasar que una ivi “cambie de color”, una energía al ser externada puede hacer que la ivi cambie radicalmente, en su esencia, y un cambio en esencia afecta la apariencia de la ivi, digamos que cambia de color. Un acontecimiento que absorbemos es como una especie de implosión, que hace que esa energía sea mas grande cuando la tenemos guardada que cuando la sacamos―.

―En el viaje pueden sufrir ataques, son combates reales, pueden ser muy peligrosos, no dependen tanto de como se portaron, es mucho mas complejo, muchas veces son luchas que ni siquiera son de ustedes, pero hay que lucharlas, es posible que les extiendan un tubo para ir directo, eso es que los llamen, como aquí los llamamos los jueves, si se da eso, tienen el viaje asegurado, viajan bien con su ivi, sin preocuparse de como esté, porque son llamados―. ―El viaje puede ser a un centro de dependencia del mismo nivel, la dimensión cambia, pero el nivel es el mismo, tienen las mismas limitaciones, no cambia la forma, para cambiar de nivel hay que ir perdiendo hilos negativos. La única forma de ir perdiendo esos hilos negativos es con el paso de los cambios de centros de dependencia, la ivi sufre una especie de erosión, que puede llevarse hilos buenos o hilos sólidos, según sean las condiciones del paso. Para cambiar a otro nivel superior, ya sin hilos negativos, los canales tienen que estar parejos, y luego avanzan hasta tener otras características que sería muy difícil explicar con lo que ustedes conocen, hay quienes avanzan dos etapas en el mismo viaje, son casos excepcionales, que aparte, ya vienen predispuestos, con ventajas desde su generación anterior―.

Capítulo 16[editar]

―Papá, ¿hay algo de lo que te arrepientas en la vida? ―, después de unos momentos Manuel responde: ―descuidar a mi familia, mírate a ti―, le dijo mirándola en serio, ―con puras bromas y consentimientos te he dejado de educar, a tu mamá, por no estar cerca, ya ni caso me hace, ya ni siquiera me concede el privilegio de pelear con ella, ja ja …, me dio por el trabajo, por demostrar algo… , para lo que sirvió―, ―papá, no me maleducaste, me maleduqué yo solita, pero veme no estoy tan mal, estoy casada, tengo a mi hijo, un esposo―, ―hija mía, te puede ocurrir lo que a muchas personas: que mueren con la sorpresa de no haber vivido―.

Gago, en la noche se desdobló y pasó al cuarto de su esposa, ―¡flaco…!―, oyó desde un rincón, se sentaron juntos, se tomaron de la mano, el se recargó en ella, voltearon a un rincón en la parte de arriba de la pared, que se desvanecía, tomando profundidad con los tonos pastel del techo, ella se fue primero, el se quedó esperando un poco angustiado, Susi regresó por el un poco después, la cámara toma los cuerpos de los dos, fueron días de diferencia, que para ellos fue un sólo un instante.

La situación de Luis, por primera vez en mucho tiempo es holgada, tiene dinero en el banco y no tiene preocupación de deudas.

Su hija se va de la casa, un amigo quedó de pasar por ella, mismo que nunca llegó, llamaron a un taxi, el taxi era pequeño, no le cabían las maletas, Luis se ofreció a llevarla en el Galaxie, le ayudó a subir las maletas al departamento, cuando llegaron Manuel observó la cara de su amiga al ver la cantidad de maletas que traía su hija, sonrió. Esa convivencia no duraría mucho tiempo.

Capítulo 17[editar]

Llegan, se nota la ausencia de Gago, nunca quiso abrir su sobre, Don Lupe abre el sobre con su nombre y ve un papel color crema, marcaba el mes en que estaban.

Había preparada sobre la mesa una botella de cognac en una charola de plata con copas grandes, ―bueno, brindemos por nuestro amigo Gago, que se nos adelantó en el viaje―, dijo solemnemente Don Lupe, ―literalmente―, pensó Manuel.

Don Lupe― le fue bien, de hecho tuvo que esperar unos pocos días, ya fuera de su cuerpo, tres días, para irse con su esposa, sí, viajan juntos, es frecuente en personas mayores esperar al cónyuge―.

―Cuando llegan a otro centro de dependencia, ¿se conocen?―, pregunta Manuel y don Lupe le contesta: ―se pueden dar cuenta de que hay algo especial, sienten algo, pero no tienen conciencia de la relación que tuvieron―.

―Hay una una parte del viaje donde son concientes de otras “vidas” digamos ―continúa Don Lupe―, todos ven con claridad los errores que tuvieron en el anterior centro de dependencia, hacen propósitos para no caer en ellos en el siguiente centro, lo malo es que sólo una pequeña parte de ese sentimiento se hace presente después, como parte de la conciencia, entre mas viajes lleve la ivi, mas cuadrada se vuelve su conciencia y mas amable su trato con los demás, menos químico, digamos―.

―Brindemos por el viaje de Gago… ¡Salud…..!―

Manuel reflexiona viendo el asiento vacío de Gago…

―Don Lupe―, pregunta Manuel, ―¿se puede viajar a otra dimensión en el tiempo? ―, ―Sí, sí se puede, siempre para adelante, lo pasado no se puede convertir ni afectar, bueno, por lo menos, no en los niveles en donde nos movemos―.

―Las dimensiones, a pesar de estar digamos en distintas capas, que es como las imaginamos, están todas en un plano, digámoslo así, este plano es a su vez una dimensión, todas esas dimensiones forman otro plano superior y así, hasta llegar a alguna parte, un punto, que deveras ni entendemos ni podemos entender, podemos entender algo, lo demás no podemos ni imaginarlo, no tenemos los elementos―,

―Entonces, nosotros, ¿podemos viajar al futuro? ―, ―sí, dadas ciertas circunstancias, lo que pasa es que puedes viajar a una dimensión que, aunque exista, no coincida con la tuya, entonces, “ves” ciertas cosas que no van a pasar en tu dimensión, aunque muchas dimensiones son bastante parecidas, pero la respuesta es que sí se puede, pero es un futuro que puede ser paralelo a la dimensión en la que estés, las cosas serán parecidas, pero no necesariamente iguales―.

―Manuel dice, y ¿qué hay que hacer?,,. ―, ―esperar a que se den las circunstancias, a lo mejor no se dan, en cierta forma es lo bonito de esto, que no todo está escrito, incluso la fecha que está en el sobre es sólo la fecha “formal”, pero puede pasar algo que la afecte, no necesariamente malo―.

Capítulo 18[editar]

Manuel se quedó dormido nuevamente en su sillón viendo el retrato de su familia, que al reflejar la ventana parecía espejo, volaba a ver a su hija, estaba con sus amigas platicando lo de todas sus aventuras.

Llegando a la casa sintió un tremendo cansancio, su esposa se despedía para ir a jugar cartas con sus amigas. No le dijo nada, casi ni se despidieron, un tremendo aburrimiento le abrumaba, seguro era un tipo de depresión, se le ve desidioso, ve un cartel de un viaje, la cámara lo toma con gesto de indiferencia.

Luis cierra un contrato con una gran cadena comercial y le hacen la transferencia de una considerable cantidad de dinero, decide no decir nada a su familia, habla con el mecánico del taller, le compra su Galaxie, y sale a la calle, no pasan dos cuadras cuando empieza a llover, una señora le hace la parada, ―a Tesistán por favor―, pasa en silencio varias cuadras, ―señor, no traigo dinero, déjeme hasta donde alcancen cincuenta pesos―, ―señora, no importa, ¿a donde va?―, ―a Tesistán, iba, pero no voy a llegar, déjeme hasta donde alcance, de ahí ocupo camiones―, ―¿a que domicilio iba? ―, la señora le da la dirección, calle Venustiano Carranza ―disculpe, ¿ahí vive? ―, ―se puede decir que sí, vengo del Monte de Piedad, me embargan mañana, una deuda de mi hijo, le di la firma, y el ingrato ni siquiera me ha llamado para decirme que no ha pagado―, mi marido era jubilado del isste, vivo con lo poquito que me da la pensión, pero imagínese, cuarenta mil pesos, yo no se de donde los voy a sacar―, ―¿no tiene otros hijos?, una hija, pero la pobre, también anda bien fregada, ni para que decirle, de todas formas, ¿en que ayuda?… ―, en un semáforo, Luis se desdobla y va volando a su casa, ve las cosas que están ahí, acaba de llegar una postal de su hija, le manda las fotos de su nieta, que cumple 15 años. Luis llega al coche, en donde despierta, tomando un sobre, mete un cheque al portador por cuarenta y cinco mil pesos. ―Señora, ¿usted sabe donde vive el señor Federico Martínez?―, ―claro, es mi vecino, es el carpintero―, pues fíjese que voy a dejarle un encargo, ¿qué le parece si la llevo?― a pues me parece muy bien. Le ayuda a subir las escaleras y se adelanta un poco. ―señora, tiene correo―, ella ve extrañada el sobre, lo abre y se le nublan los ojos, Luis desaparece,

Capítulo 19[editar]

La cámara ve a Don Lupe desde una esquina en el techo del comedor/sala: ―Nos puede dar por volar, y aprovechar para hacer el bien, no tiene nada de malo, es una de las cosas con las que se cuenta para ayudar a ciertas personas, es posible que haya alguna otra ivi que las ponga en su camino, o puede que no, que sea circunstancial, bueno, hasta donde cabe―.

¿Existen las casualidades…?, Interrumpió Manuel…., ―es una pregunta interesante, estrictamente, no, no existen, punto―.

―Bueno, ¿qué es eso de estrictamente…?―, ―pues digamos que todo es causa y efecto y a la vez esos efectos son causa de otras cosas, la forma en que suceden esas cosas son muy variadas, pueden suceder de muchas formas distintas, pero solo suceden de una forma, siempre tienen alguna relación con otra acción o situación, pero suceden de tal forma que no podemos decir, los que estamos en el mismo nivel, que ocurran de una forma justa, por lo menos no a nivel individual, y con lo que nosotros vemos como justo.

Manuel pregunta, ―¿las ivis no son individuales?―, ―No es lo mismo individuales que independientes, todo nos afecta, las ivis que nos dieron origen, las que están cerca, las que afectamos nosotros, también nos afectan, hay muchas que nos ayudan y no tenemos conciencia, también hay otras que siempre nos estorban, es un hecho, y no nos damos cuenta, ni podemos hacer nada. Individuales sí, independientes no―.

Manuel: ―Entonces alguien puede viajar bien, sin ser molestado siendo un hijo de la chi…, mientras que otro que actúe bien, ¿la pase muy mal?. Así es, por lo menos así parece en nuestro nivel, no todo depende de nosotros, eso es un hecho―.

―Entonces ¿qué ayuda a nuestra ivi?, ¿alguien que nos agradezca algo nos pasa buenas vibras o algo así que nos ayuden para el viaje?― esto es muy importante, respondió Don Lupe, la conciencia de las otras ivis no afecta la tuya, no se esfuercen en lograr el agradecimiento de las otras personas, no tiene ninguna relevancia, Manuel mira extrañado, lo que hace más ligera a una ivi es la acción, no el agradecimiento, si buscan agradecimiento, no van a lograr nada, es más, es posible que su mismo beneficiado haga que no tengan ustedes nada de mejora, eso es frecuente, los beneficios pueden rebotar por muchas causas cuando están atados a las emociones….―

Manuel pregunta, ―oiga don Lupe, ¿cuál es el sentido de la vida, quién gana?―, se le veía el rostro decepcionado…

―Estás acostumbrado a ganar o a perder, a sentirte bien o mal, químicamente, entre más inmadura es una ivi, más química es. Una ivi fuerte, madura, es mucho más física. Por otra parte no es cosa tan simple como ganar o perder, como ir al infierno o ir al cielo, es mucho mas complejo, no es un juego que se gana si obtienes determinados puntos, es un proceso que no termina, siempre vas a estar viajando, solo que hay distintas formas, que es de lo que hemos estado hablando―.

―Las ivis, en sus primeros viajes, son muy emocionales, muy coléricas y explosivas. Con los cambios de niveles, con la experiencia cósmica, se vuelven tranquilas, físicas―.

―Ese carácter emocional físico de la ivi madura, se podría cortar como un pan, en cambio, el carácter de una ivi en sus primeros viajes, parece que se tendría que tratar químicamente, con inhibidores y catalizadores―.

―Con lo que tratamos aquí es con el aspecto físico del alma, está bien su estructura, su forma, sus tubos, la forma de los tubos, la cantidad de luminosidad, digamos que es un punto de vista de fundamentos, las emociones son momentáneas, van y vienen, cambian las condiciones y cambian las emociones, pero los fundamentos no, pueden cambiar todas las condiciones que quieras y el ivi se mantiene inalterable, ustedes están acostumbrados a trabajar solo con emociones, lo que les produce placer es bueno, el dolor es malo, punto. La ivi se mueve distinto, no porque duela va a ser bueno o malo, es otra la fuerza, es otra cosa lo que estamos buscando, el placer o el dolor es secundario. Conforme la ivi va madurando con los viajes, se va haciendo menos sensible a esas emociones primarias, tal vez su ivi este haciendo sus primeros viajes, son muy emocionales, y difíciles de manejar, porque pierden su serenidad con el menor estimulo. Una ivi madura viaja casi sin emociones, ustedes verán, las ivis nuevas son fáciles de alterar, lloran de cualquier cosa, se entusiasman fácilmente y son coléricas. Una ivi madura es tranquila, analítica―.

―Estamos en un universo que está hecho de fuerzas y de tipo de fuerzas, de movimientos y de tipos de movimiento, la emoción depende de la conciencia del futuro, la física de las condiciones del presente―.

―Nosotros estamos ahora en un nivel, cual sea, no importa por ahora, aunque les aseguro que hay muchos por debajo, nuestra capacidad para conocer es limitada, en un momento nos puede cambiar nuestra condición emocional, cuando viajamos, viajamos físicamente, aun sin materia aparente, aunque suene contradictorio, cuando nos mantenemos estáticos somos mucho más emocionales, mucho mas químicos―.

―Nuestra condición como seres cósmicos es una dualidad, tenemos que movernos siempre, porque todavía estamos en el nivel del tiempo secuencial y del espacio dimensional―.

―Si quieren avanzar de orden, hay que adelgazar, no importa que no les convenza la dieta, que no estén de acuerdo con el instructor, ni con las condiciones, no importa mas que tener las mejores disposiciones físicas para viajar, todo lo demás se pierde y es cambiante, lo que sintamos, pasa y se olvida―.

―En el momento del viaje, de la trascendencia, es el ser el que importa, no el sentir―.

―Las acciones buenas o malas no son buenas o malas por lo que sintamos, mucho menos por lo que sientan los otros. Es su paralelismo al orden cósmico lo que las hace trascendentes, y esa trascendencia es física, no emocional, por lo menos en este nivel, que por cierto, ni se les ocurra pensar que es un nivel inferior, hay muchos, muchos niveles mas abajo; que no tengamos conciencia de ellos, por supuesto no significa que no existan―.

Capítulo 20[editar]

Manuel despertó asombrado, había sido mucha información.

Ahora las cosas le parecían triviales, hablar le parecía fatuo, bajó a la cocina a preparar café a su esposa, tomó bollos de avena que le gustaban a Bit, hacía años que no se los llevaba a la cama, los puso en su buró, junto con el control de la televisión, ella le dio las gracias con mirada de agradecimiento sincero.

Era un día como cualquiera en la oficina, Manuel hacía una llamada telefónica cuando entra Rebeca y se sienta, ya con su tasa de café en la mano.

Terminando la llamada, Manuel habla en tono bajo: ―Hija, necesito hablar contigo…―, Manuel le habló totalmente serio, le dijo lo que sabía de su esposo, cosas buenas por cierto, de su responsabilidad como madre. Cuando terminó se levantó, serio, ella también se quedó seria.

―Papá, él me engaña desde hace mucho, mucho, tiene un departamento en Tonalá; por error me llegó un recibo, hace poco fuí, el vecino dice que vive ahí una señora sola, que por lo menos tiene diez años viviendo allí, no me animé a conocerla, pero un día voy y le rompo su jeta, no sé porqué no lo he hecho, supongo que es mas cómodo seguir haciéndome güey, en fin…, se despidió con un beso cariñoso y se retiró en silencio―.


Salió a las seis de la tarde, se fue al club al campo de práctica a tirar bolas, su swing estaba muy abandonado. Pasó al bar a tomar una copa, se acomodó en el sillón verde, junto a la ventana, se veía la llegada del hoyo 18, antes de acabarse su trago se quedó dormido y se desdobló, fue al domicilio que había alcanzado a leer en el recibo. Entró por la ventana, de escasos dos por dos metros, la sala, con muebles antiguos y carpetas de hilo tejidas a gancho, el orden y los objetos pequeños de Swarowski proyectaban la imagen de una persona de edad, al entrar en la habitación, efectivamente, vio a una viejita sentada en su cama, dormitando mientras pasaba en la televisión una película de los sesentas. En el tocador había fotos de una persona joven con un niño, que bien podía ser el yerno de Manuel, otra foto de la misma señora con un señor mas grande que ella divirtiéndose en un circo, Manuel comprendió que la señora que vivía allí era la mamá de su yerno, por alguna causa no quería que Rebeca lo supiera, en su buró había una foto en donde aparecía con su hijo, ya mayor, con toda claridad se veía que era el yerno de Manuel.


Luis iba en camino a ver a su hija cuando le hicieron la parada nuevamente, era un señor que le pareció conocido. ―¿Adónde va? ―, ―al panteón de Belén, por la Alcalde―.

Luis se quedó dormido en el semáforo de la avenida Vallarta, se desdobló, vio a su pasajero con un ataque al corazón, y que le decía que lo ayudara, que solo tenia un pendiente, regresó de su desdoblamiento, fue rápidamente a comprar píldoras de nitroglicerina, cuando volvió y avanzó dos cuadras, le empezó el ataque, ¿lo llevo al sanatorio?, no, le dijo con cara de compresión profunda, lo llevó al panteón y lo ayudó a llegar a una tumba, era la de su padre, le llevó flores, pintadas en mosaicos diminutos, que completaban un mosaico con la leyenda franciscana, Pax et Bonum, Luis le llevó luego al hospital San Javier, no hablaron, se fue directo a emergencias, todavía tenía pulso cuando lo dejó, regresó de ayudar a los camilleros. Cuando llegó a su coche estaban en el tablero ochenta y cinco pesos con cincuenta centavos, justo lo que marcaba el taxímetro en ese momento.

Capítulo 21[editar]

Luis dice con aire alegre y ceremonioso a don Lupe: Don Lupe, sáquese la botella de cognac, Don Lupe lo voltea a ver cariñosamente asintiendo con la cabeza mientras se dirige hacia el pequeño cuarto contiguo, se oye música de Louis Armstrong.

Manuel, aprovechando el momento, dice también a Don Lupe: ―Que se hace cuando dos quieren abrir la carta el mismo día, ¿se abren dos botellas? ―, ―claro que sí, la ceremonia es la mejor parte del sentimiento, ante algo tan importante lo menos que podemos hacer es darle solemnidad ―. Se regresó sonriendo apaciblemente.

Manuel ya había decidido abrir el sobre, aunque no pensaba abrirlo ese jueves. Una vez decidido, ardía en curiosidad en ver la fecha en que se iba a morir. Bien podía ser ese mismo mes que estaban viviendo, las circunstancias coincidían perfectamente, ya había arreglado lo que tenía que arreglar, lo mismo que Luis, y se sentía listo para partir.

Una vez sentados, en respetuoso silencio, voltearon a ver a Luis, que observa el sobre, de color crema, sin pegamento, lacrado con cera roja y un sello con un sol y una luna entrelazados. Sabe que es el momento de abrirlo, se disponía a hacerlo cuando Don Lupe pone sobre la mesa una hermosa caja de caoba, la abre y se ve un hermoso abrecartas, Luis lo toma y observa una inscripción en el mango el símbolo de infinito, abre el sobre, en papel pergamino y con números arábigos ve estampados precisamente el mes y que transcurría, misma que leyó con voz segura y firme. Manuel lo observaba, a pesar de aparentar calma, le temblaba una pequeña vena en el párpado inferior izquierdo, cosa que pasaba cuando estaba nervioso. Manuel pensó que ese día acababa todo, de alguna forma Chema y don Lupe eran los de la casa, Gago ya se había ido, con lo de Luis, Manuel intuía que lo normal es que él mismo cerrara ese ciclo, y que la fecha del sobre fuera la misma.

Luis le dio el sobre a Don Lupe, se disponía a guardarlo cuando ve de reojo que Manuel toma su sobre, le pasa el abrecartas. La expresión de Manuel era serena,

Manuel pone a contraluz el sobre y lo abre ceremoniosamente con el abrecartas, desdobla el papel y poco a poco va viendo la fecha, como el jugador de póker que destapa sus últimas cartas, ve primero el mes, diciembre, el mes que transcurría, tenía la boca seca y un hueco en el estómago, al terminar de deslizar el sobre observa el año, con sorpresa ve que no es el presente, sino diez años adelante.

El sentimiento de alivio no pudo compensar totalmente la emoción, las lágrimas recorrieron su rostro, lo primero en que pensó es que podría ver a su nieto crecer, luego en su esposa, en ese momento crítico lo más relevante que se le vino a la mente era que podía seguir llevándole el café todas las mañanas, sin hablarse, por supuesto.

Manuel recorre con la mirada a Luis, Gago, Chema, por último a Don Lupe, éste, con una sonrisa tranquila, le dijo: ―parece que nos vamos a seguir viendo por un rato…―.

Diez años, parecía mucho, pero era poco, pensaba Manuel, un sentimiento de autosacrificio le invadió, quería unirse a Luis y a Gago en su viaje, en cierta forma los estaba abandonando, quería seguir perteneciendo al grupo, permaneció callado, los demás también.

Tomaron su copa y se levantaron de sus sillas, no hubo palabras, solo mantuvieron las copas en el aire con profundo sentimiento, Manuel cobró entonces conciencia de la importancia de un brindis, siempre se brindaba al mismo tiempo por el pasado y por el futuro, pero esa vez se daba cuenta de que lo que importaba realmente era el momento cósmico de estar reunidos.


La cámara amplía la toma, se les ve platicando con la copa en la mano, luego se ven imágenes del túnel, de la luz, del funeral de Luis, su esposa y sus hijos a su lado, llorando, del señor que llevó al panteón, de la señora que ayudó en Tesistán.

Se ve luego la imagen de Gago, introduciéndose por el túnel, las imágenes difusas de su esposa que lo acompaña, de sus hijos, todo pasando etéreamente, hasta que termina desvaneciéndose en la esquina superior de la sala.


Manuel despierta en su cama a las tres y quince de la madrugada.


Fin.