La desdicha por la honra: 29

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La desdicha por la honra Félix Lope de Vega y Carpio



Tomola en breve, con notable llanto suyo y de sus amigas; pasáronlas a ella abordando un barco, y quitando una parte de la banda de los filaretes lleváronlas a la popa, donde Felisardo estaba recostado sobre una alfombra turca de rizos de oro entre labores de seda, puesto el brazo en dos almohadas de brocado persiano, color de nácar. Hincose de rodillas Silvia y, con lágrimas en los ojos, le dijo en lengua siciliana que tuviese piedad de la mujer más desdichada del mundo, poniéndole para moverle el pequeño infante en los brazos a los turbados ojos, a quien ya los oídos habían avisado de que aquella voz parecía la de Silvia.
Aquí, señora Marcia, ni aun los hipérboles de los versos serían bastantes cuanto más la llaneza de la prosa, que ni es historial ni poética, aunque la escribiera el autor de las relaciones de los toros, quejoso de su fortuna adversa; y tiene muy justa causa, pues le están en tanta obligación los de Zamora, de quien no se acordara este lugar después que se dejaron de cantar los romances del rey don Sancho, la traición de Bellido de Olfos y las tristezas de doña Urraca, que casi llegaron a competir con los de don Álvaro de Luna, que duraran hasta hoy si no se hubiera muerto un cierto poeta de asonantes, que arrendó esta obligación por veinte años a los regidores de la Fortuna. Y ya que nos hemos acordado de Bellido de Olfos, suplico a vuestra merced me diga si conoce algún pariente suyo, que me ha dado cuidado ver que, en siendo un hombre ruin, no le queda pariente en este mundo, y en habiendo procedido virtuosamente o hecho alguna cosa digna de memoria, todos dicen que descienden de él. Y yo conocí un hombre que decía por instantes: «Adán, mi señor», y podía muy bien, porque esto es lo más cierto, aunque un hombre haya nacido en la Cochinchina, tierra donde dicen que se halló Pedro Ordóñez de Zavallos, natural de Jaén, y convirtió una infanta, bautizando más de doscientas mil personas, e hizo muy bien, y Dios se lo pagará si fue verdad, y si no, no.


La desdicha por la honra de Lope de Vega

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