La desdicha por la honra: 31

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La desdicha por la honra Félix Lope de Vega y Carpio



Hízose a la vela Silvio Bajá, si le hemos de llamar así, dejando en admiración la ciudad, que casi toda asistía en la playa, al Virrey de su determinado propósito, y a Silvia de haber visto lo que no esperaba, y en tan diverso hábito y costumbres de lo que le había conocido.
La causa de no quedarse entonces este infeliz mancebo en Sicilia con su esposa y su hijo, donde se le quedaba el alma, presentando aquella escuadra de galeras con sus turcos al Virrey, fue el agradecimiento que debía a Sultana por tantas buenas obras, y el deseo y ánimo que tenía de reducirla a la fe, pues ella lo deseaba, y restituirla a sus padres, que tantas lágrimas habían derramado por ella; fuera de tener él tan segura mayor presa siempre que tuviese gusto de volver a España.
Entró Felisardo por el canal de Constantinopla casi a la entrada del invierno, llevando algunos cautivos de las islas y de otras costas, sin tocar en vasallo de Su Majestad, ni tomar tierra en parte que fuese suya. Hizo gran salva a las torres y palacio real del Turco; saltó en tierra y besándole el pie alegró la ciudad, entristeció la envidia y esforzó la esperanza de Sultana que, con lo que de sus deseos había conocido y no esperaba verle, tenía por sin duda que, faltando a la palabra dada y a tantas obligaciones, se había quedado en España.


La desdicha por la honra de Lope de Vega

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